Crítica de Kyuka: El final del verano (2024): reseña y opinión de la película

Puntuación ⭐⭐⭐✪✪ (3/5)

Kyuka: El final del verano es la ópera prima del director y guionista Kostis Charamountanis, quien, tras seis cortometrajes a sus espaldas decide dar el salto al largometraje adaptando una continuación de su cortometraje del 2018: Kioku: Before Summer Comes. La historia narra el viaje de Babis, un padre soltero, con sus dos hijos, Kostantinos y Elsa a la isla de Poros, dónde se encontrarán a Anna, la exmujer de Babis y madre de Kostantinos y Elsa, la cual les abandonó cuando estos eran pequeños.

Kioku es una palabra japonesa que da título al cortometraje que precede al film, significa memoria o recuerdo, y Kyuka es otra palabra japonesa que da título a este largometraje, significa vacaciones o descanso. Charamountanis se apoya en esos mantras japoneses para contar una historia vista desde dos puntos de vista distintos. El primero, desde el de los hijos, Elsa y Konstantinos, quienes repiten su papel en el cortometraje. El segundo desde el de él, Babis, el verdadero protagonista del film, y al que la cámara sigue, primero de fondo, luego en primer plano.

Estos dos puntos de vista se construyen mediante la diégesis, lo que comienza como una historia bastante convencional, que intenta recordar a Aftersun se transforma para deconstruir, no sin sus riesgos, la historia previamente contada, tanto en contenido como en forma.

Kyuka: El fin del verano critica opiniones

Cartel de la cinta

Y es que la primera parte del film falla un poco al intentar parecerse a una soft-comedy, aunque en este caso cuenta con el punto a favor de la magnífica fotografía y etalonaje de Konstantinos Koukoulios, emulando el trabajo de Gregory Oke en Aftersun (2022), ganador del BIFA por esa película.

Destaca en la fotografía de Kyuka, el inteligente uso de la luz natural y el recurso del plano detalle de las manos, presente en todo el metraje, en un afán de conectar a los personajes de la manera más física posible, rehuyendo de miradas, buscando la honestidad más plástica en todo momento, y, tal vez, salvando en ciertos momentos algunas limitaciones actorales de los personajes. Pero esto no sólo no desentona, sino que funciona muy fluidamente en el engranaje del film.

En la segunda parte, por otro lado, rompe con lo preestablecido, y la importancia recae en el montador del film: Lambis Haralambidis, quien deconstruye el metraje una vez llegados al último tercio del film, jugando con él, y evocando, más que explicando. Y es que la película va colocando sutilmente durante todo el metraje piezas encima del tablero que como espectadores, si queremos, podemos ir juntando para acabar completando el puzzle emocional del film. Pero esto no ha de asustar al espectador que no quiera aceptar el reto. Ya que se encontrará con un viaje ameno y entretenido, que, si bien presenta varias capas de complejidad y acaba mutando, no demerita lo que le precede, si no que lo hace alcanzar cotas más altas.

Y es que hay que ser sinceros. El montaje tiene muchos aciertos, pero también errores, y eso se celebra. Se celebra el riesgo y la ambición, pues como dijo Elena López Riera, para conseguir hacer una buena película “Hay que buscar el error”.

Tráiler de Kyuka: El final del verano (2024)

Uno de los puntos más desequilibrados del film es el actoral, el cual, si bien cumple individualmente, creo que no funciona en su conjunto más allá de Simeon Tsakiris y Elena Topalidou, sin embargo la química entre ellos resulta de vital importancia, ya que son dos personajes construidos de forma completamente opuesta con mucha intrahistoria pero que por exigencias del guion no pueden interactuar apenas entre ellos.

A nivel individual destaca el trabajo del ya mencionado Simeon Tsakiris en un papel complicado, donde ha de conseguir presencia escénica incluso en sus apariciones de fondo. Su acting es de carácter muy contenido, y pese a ello consigue transmitir muchas emociones con una sola mirada. Cuesta creer que un actor con tanta presencia escénica haya hecho carrera como secundario en contadas producciones de bajo presupuesto y varios cortometrajes. Por su parte el papel de Konstantinos Georgopoulos también abarca esta característica de sobriedad y contención. El suyo es un personaje construido de dentro para fuera que prioriza las miradas, con un mundo interno que se va desarrollando a medida del transcurso del metraje, una vez más, debido al gran uso de la diégesis. Cabe destacar que su rol no se queda sólo en el solvente acting, sino que también es el encargado del vestuario en el film, un trabajo que, si bien podría considerarse como un parche en una producción que cuenta con poco presupuesto, acaba cumpliendo con creces. Y finalmente, completando el trío protagonista encontramos a Elsa Lekakou, la actriz con más renombre en la producción de entre los tres personajes principales. Y es un problema. Sin duda su personaje tiene mucha presencia y está bien interpretado, pero cuando el plano se acerca a ella vemos a una actriz con dudas, y no a un personaje. A su mirada le cuesta quedarse quieta y no puede evitar un parpadeo constante. Esto, sin embargo, son por supuesto sutilezas, pero puede llegar a irritar un poco al espectador.

De entre los secundarios destaca la ya mencionada Elena Topalidou, en un papel gris, lleno de contradicciones, y con una caracterización muy trabajada que destaca de lo genérico de los otros actings. Y es que si bien no tiene una filmografía muy extensa sí que la hemos podido ver en el papel protagonista de la genial Magnetic Fields (2021). Película que fue candidata al Oscar por Grecia en el año 2022. En Kyuka recuerda levemente a ese personaje, por esa caracterización “kaurismakiana” que presenta. Sin duda Charamountanis le dio el papel tras verla en ese trabajo. Y por otro lado no acaba de convencer el rol de Afroditi Kapokaki en el rol contradictorio. Kapokaki interpreta un personaje vacío, casi “bressoniano”, lo cual podría ser un acierto en otro tipo de film, pero que en esta película no funciona nada en conjunto y parece un personaje creado sólo para crear malentendidos y generar una subtrama de una subtrama.

La cinta, en su desenlace, falla un poco al compararla con cierto film mencionado anteriormente. Y es que el gran problema de la película en cuanto al guion es que en ocasiones no parece tener muy claro quien es el protagonista, y por ello cierra con una subtrama. Pero por alguna extraña razón esto reverbera en una atípica sintonía formada en la segunda parte del metraje, y sobre todo en las geniales locuras que presenta en su último tercio.

En conclusión: Kyuka: El final del verano es una película convencional y amena narrada de manera poco convencional, que cuenta con un cast bastante irregular, y que convencerá a los que quieran adentrarse en un viaje veraniego por las islas griegas y a quienes se emocionaron con Aftersun siempre que no las comparen. Encontrando su hueco también en aquellos que asuman los riesgos narrativos y aprecien las sutilezas del montaje.

Ficha técnica:

Κιούκα: Πριν το τέλος του καλοκαιριού (2024)

  • Grecia, 103 min.
  • Dir.: Kostis Charamountanis.
  • Guión: Kostis Charamountanis.
  • Reparto: Simeon Tsakiris, Elsa Lekakou, Konstantinos Goergeopoulos, Afroditi Kapokaki, Elena Topalidou, Stathis Apostolou, Ioli Kalaitzi.
  • otografía: Konstantinos Koukoulios.
  • Música: Kostis Charamountanis.
  • Edición: Kostis Charamountanis, Lambis Haralambidis
  • Género: Drama, Comedia.

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