Análisis y explicación del final de Backrooms (2026)
Como cada verano, las salas de cine se llenan de grandes blockbusters y de alguna que otra película de terror con la que refugiarse del calor. Desde hace unos años, la productora A24 se ha consolidado como una de las grandes referencias del cine independiente gracias a películas como First Cow (Kelly Reichardt, 2019), Aftersun (Charlotte Wells, 2022), Vidas pasadas (Celine Song, 2023) o The drama (Kristoffer Borgli, 2026). El verano pasado, además, logró otro gran éxito dentro del género con Devuélvemela (Danny Philippou y Michael Philippou, 2025).
Un año después, A24 vuelve a querer dominar las conversaciones estivales con una de las películas de terror más esperadas del año: Backrooms (Kane Parsons, 2026).
Desde hace unos años, el cine de terror se ha convertido en uno de los géneros más innovadores, originales y arriesgados desde el punto de vista creativo. Backrooms (2026) es una buena muestra de ello.
La película supone el debut del jovencísimo Kane Parsons (nacido en 2005) y está basada en su propio cortometraje The Backrooms (Found Footage) (2022). En él vemos cómo un joven que está rodando lo que parece ser un cortometraje cae repentinamente a través del suelo y aparece atrapado en un inmenso espacio formado por interminables pasillos de oficinas vacías y habitaciones aparentemente infinitas.
Y eso es, precisamente, lo que son los backrooms.

Para entender su contexto: ¿Qué son los backrooms?
Un backroom es un concepto asociado al terror surgido en internet que describe un lugar aparentemente infinito, formado por una sucesión interminable de pasillos casi idénticos, oficinas vacías, paredes amarillas, moquetas desgastadas y una inquietante iluminación fluorescente. Lo que transmite principalmente es una sensación de aislamiento, desorientación e incomodidad. Un backroom puede entenderse como un fallo en la realidad, una forma de atravesar accidentalmente los límites del mundo conocido y aparecer en un espacio imposible.
Su origen se remonta a 2019, cuando un usuario del foro 4chan publicó la imagen de una oficina vacía acompañada de una breve descripción sobre abandonar la realidad y caer en un espacio infinito. La idea prendió rápidamente entre miles de usuarios, que comenzaron a expandir el concepto y a construir un universo alrededor de él. Con el tiempo aparecieron numerosos niveles, entidades y reglas que transformaron aquella idea inicial en un auténtico universo de ficción colaborativa.
La popularidad de los backrooms no dejó de crecer gracias a nuevas imágenes, videojuegos y cortometrajes publicados en internet que explotaban esa atmósfera tan inquietante y misteriosa, especialmente mediante el formato de found footage o metraje encontrado, como ocurre en el cortometraje de Kane Parsons.
Si aún no has visto Backrooms (2026), deja de leer inmediatamente este artículo y vuelve cuando la hayas visto. Una película así se disfruta mucho más con la menor información posible. Cuando la hayas visto, regresa para resolver algunas dudas sobre el inquietante final que propone.
Para entender el final de Backrooms: ¿Qué ocurre en la película?
La historia comienza de una forma muy similar al cortometraje original. Vemos a una persona recorriendo una sala amarilla conectada por pasillos prácticamente idénticos, como si estuviera huyendo de algo, hasta que finalmente es atrapada por una presencia desconocida. Un comienzo maravillosamente inquietante y aterrador.
La película sigue a Clark, interpretado por Chiwetel Ejiofor, un vendedor de muebles que atraviesa una profunda crisis personal tras un doloroso divorcio que ha dejado su vida emocional y profesional completamente desorientada. Su carrera como arquitecto quedó truncada y ahora regenta una tienda de muebles prácticamente vacía, mientras intenta sobrellevar la soledad y el alcoholismo.
Todo cambia cuando descubre un extraño portal oculto en la pared del sótano de su tienda. Ese acceso conduce a los backrooms, una dimensión desconocida formada por un inmenso laberinto de oficinas vacías, pasillos interminables y espacios inquietantes que parecen imitaciones imperfectas del mundo real.
Fascinado por el hallazgo, Clark desarrolla una creciente obsesión por explorar ese lugar infinito. Convencido de que está ante un descubrimiento extraordinario, regresa una y otra vez a los backrooms. Su obsesión llega incluso al punto de contratar a sus dos empleados para que lo acompañen en diversas expediciones destinadas a documentar el entorno, recopilar pruebas y elaborar mapas de aquella misteriosa dimensión.
Lo que comienza como una aventura de exploración acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla cuando descubren que no están solos. Una inquietante criatura acecha constantemente los pasillos del laberinto y transforma cada incursión en una desesperada lucha por la supervivencia.
Tras la aparente tragedia ocurrida durante una de esas expediciones, el comportamiento de Clark comienza a preocupar seriamente a quienes le rodean, especialmente a su terapeuta, Mary Kline, interpretada por Renate Reinsve, quien sospecha que su paciente está atrapado en una peligrosa espiral psicológica.
Curiosamente, Mary habla continuamente de «abrir una ventana hacia el interior» y de «romper los bucles en los que todos terminamos recorriendo siempre los mismos caminos». Sin embargo, ella también arrastra sus propios traumas. Durante su infancia vivió aislada junto a una madre paranoica con síndrome de Diógenes, que cubría las ventanas con periódicos y bloqueaba la puerta con muebles para protegerse de amenazas imaginarias. Aquella casa estaba iluminada por una luz amarillenta y opresiva muy similar a la de los backrooms.
Decidida a comprender lo que está ocurriendo, Mary sigue las pistas dejadas por Clark y termina adentrándose también en los backrooms a través del portal de la tienda. Una vez allí, revive los recuerdos más dolorosos de su infancia y de aquella casa en la que permaneció encerrada junto a su madre hasta que finalmente fue derribada.
¿Cómo acaba la película?
En el tramo final, Mary encuentra a Clark tras recorrer durante horas el laberinto. Allí descubre que él ya no desea escapar. Después de reducirla y atarla, le muestra que ha terminado adaptándose a ese mundo y que incluso convive con extrañas entidades de aspecto humano, aunque deformadas, incompletas y con inquietantes anomalías físicas y de comportamiento.
Clark ha convertido los backrooms en su refugio y parece sentirse mucho más cómodo allí que en el mundo real.
En ese momento obliga a Mary a recrear una de las sesiones de terapia que habían compartido. Mientras finge hablar con su exmujer, intenta obtener por fin la aprobación que siempre ha necesitado, esperando que alguien le diga que no fue el responsable del fracaso de su matrimonio ni de las decisiones que marcaron su vida.
Sin embargo, Mary se niega a ofrecerle esa absolución. En lugar de justificarlo, le hace comprender que buena parte de las circunstancias que lo han llevado hasta allí son consecuencia directa de sus propias decisiones y de su incapacidad para afrontar la realidad.
Esta conversación desencadena la aparición de una inquietante criatura vinculada directamente con Clark. El monstruo adopta la apariencia grotesca del pirata que servía como imagen publicitaria de su tienda de muebles.
Más allá del propio monstruo, ese pirata representa todo aquello que Clark nunca quiso reconocer de sí mismo: su inmadurez emocional, su tendencia a eludir responsabilidades y su resistencia a aceptar sus propios fracasos.
Poco después, la criatura acaba con la vida de Clark. Mary, aterrorizada, emprende una desesperada huida a través de zonas cada vez más extrañas y surrealistas de los backrooms, hasta llegar a una inquietante recreación de la tienda de muebles de Clark. Tras escapar del monstruo cruzando un estrecho pasillo, es interceptada por un grupo de científicos equipados con trajes de protección, cuya presencia ya intuíamos desde el comienzo de la película.
Tráiler de Backrooms (2026)
¿Qué le ocurre a Mary?
Mary es trasladada a unas instalaciones pertenecientes a Async, una organización que parece llevar años estudiando esta misteriosa dimensión. Allí conoce a Phil, uno de los científicos responsables del proyecto.
Él le explica que Async nació como una empresa dedicada al desarrollo de equipos de resonancia magnética, pero que todo cambió tras descubrir accidentalmente la existencia de este espacio alternativo.
Durante esa conversación aparece una de las ideas fundamentales de la película: los backrooms parecen construirse a partir de los recuerdos de quienes los recorren. Esto explica por qué todos sus escenarios resultan familiares y reconocibles, aunque siempre presenten pequeños errores, deformaciones o detalles alterados, como si fueran copias imperfectas de lugares almacenados en la memoria.
En la secuencia final contemplamos diferentes zonas de los backrooms transformadas por los recuerdos personales de Mary. Entre ellas aparece incluso una recreación de la casa donde pasó su infancia, el lugar asociado a los episodios más traumáticos de su vida.
La última imagen de la película nos muestra una perturbadora versión deformada de Mary sentada dentro del laberinto.
Podemos interpretar que los backrooms no solo almacenan los recuerdos de quienes los visitan, sino también una copia imperfecta de esas personas. Igual que sucede con Mary, esa versión defectuosa queda atrapada para siempre dentro de la dimensión, pasando a formar parte de ese universo infinito construido a partir de sus propios traumas.
Como explica el propio Kane Parsons:
«Este lugar se está convirtiendo cada vez más en un bucle retroalimentado de su mundo interior, vomitado sobre las paredes y expresado como algo que parece estar haciéndole bien. Apela a algún deseo arraigado o a un vacío que ha tenido en su interior durante tanto tiempo. Da la sensación de que se está llenando. Pero no creo que sea una forma de sanación o paz que se corresponda con la experiencia real del sistema nervioso».
Sin embargo, Backrooms (2026) y su final admiten múltiples interpretaciones, como ocurre con las grandes películas que permanecen durante días en la cabeza del espectador.
Todavía quedan muchas preguntas sin respuesta: cómo se formó realmente esa dimensión, cuál es el verdadero papel de Async o qué otros secretos esconden los backrooms. Todo apunta a que esta primera película podría ser solo el comienzo de un universo mucho más amplio, ya sea mediante una secuela o incluso una saga que permita seguir explorando este inquietante y fascinante mundo.
