Crítica de Ruta de escape (2026): reseña y opinión de la película
Puntuación ½✪ (3,5/5)
Con el paso de los años, el cine de género ha ido desvaneciéndose poco a poco de las cintas más comerciales, tendiendo cada vez más hacia apuestas esquemáticas y algorítmicas. Por esto mismo, pese a su repercusión, no causaron demasiada sorpresa las últimas declaraciones de Matt Damon acerca de El botín (2026), la última película que ha protagonizado para Netflix, en las que afirmaba que “Netflix quiere que la trama de una película se repita tres o cuatro veces en los diálogos porque la gente está con sus teléfonos móviles mientras la ve”. Una reflexión que pone en evidencia la deriva simplificadora del cine comercial contemporáneo. Pero, como siempre ha pasado en la historia del cine, hay excepciones que se predisponen a alejarse de estas tendencias.
El cineasta británico Bart Layton ha demostrado que se puede hacer cine comercial, con varias de las estrellas más famosas de Hollywood en el reparto, y que el resultado no sea un producto esquemático y repetitivo. Debutó en 2012 con un true crime llamado El impostor y, en 2018, se lanzó a la ficción en el festival de Sundance con American Animals, un oscuro thriller de atracos con un trasfondo bastante retorcido. Esto le ha permitido este año poder estrenar una película como Ruta de escape (2026), que tiene tintes y paralelismos claros con su último trabajo, consecuencia de un director que se ha educado cinematográficamente con las películas de Michael Mann, Sidney Lumet y toda la fantástica e innumerable producción de thrillers de robos y atracos que dejaron los 70 y el principio de los 80.

Cartel de la cinta
Una propuesta que recupera la tensión moral y el pulso clásico del thriller de atracos. Ruta de escape tiene esa dualidad constante entre el personaje perseguido y su perseguidor que existía en Heat (1995) de Mann, pero también esa narración retorcida y enmarañada de problemas que se van superponiendo, como hacía Lumet en Tarde de perros (1975), La ofensa (1973) o incluso Antes de que el diablo sepa que has muerto (2007), al final de su carrera.
La película nos pone en la piel de David (Chris Hemsworth), un ladrón de joyas que prepara el último golpe dentro de su gran plan de diferentes atracos. Pero, antes de llevarlo a cabo, se cruzan por el camino una ejecutiva de una compañía de seguros (Halle Berry) y otro ladrón mucho más agresivo que él (Barry Keoghan). Mientras tanto, el teniente Lubesnik (Mark Ruffalo) va tras la pista de un ladrón que lleva a cabo una serie de atracos en la autopista 101.
La traducción al español que ha tenido la nueva obra de Bart Layton tiene como resultado algo bastante insustancial y anodino, alejándose por completo del título original Crime 101, que es el número de la autopista donde se desarrolla la mayor parte de la acción y el pseudónimo con el que se le identifica todo el rato al protagonista. Dejando a un lado juicios sobre decisiones de productoras y distribuidoras, Ruta de escape (2026) funciona de maravilla por cómo se construye la red que conecta a los personajes, por la ambientación de puro neo noir que despliega Layton y, especialmente, por el reparto de lujo que tiene.
Tráiler de Ruta de escape (2026)
Un engranaje narrativo sólido que se sostiene en la atmósfera y en la fuerza de su elenco secundario. Sin llegar a ser una película coral, porque la historia y la acción giran en torno a Hemsworth, es una película en la que los secundarios tienen un peso mucho más allá de lo testimonial. Esta sensación se acentúa dado que todos los actores que rodean a Hemsworth son considerablemente mejores que él, haciendo que quede eclipsado prácticamente siempre que comparten escena.
Es posible que sea una cinta algo estereotipada y que sus personajes sean algo arquetípicos, de nuevo producto de un director que se ha alimentado y formado a base de cierto tipo de cine. Sitúa a cada uno de sus cuatro protagonistas en una esquina diferente del tablero, y queda en evidencia, tanto a nivel narrativo como a nivel formal, cada vez que se les presenta en el plano, la forma en la que visten, la forma en que se comportan y la disonancia casi cognitiva que hay cuando interactúan entre ellos.
Un arma de doble filo que puede resultar estimulante o previsible según el bagaje del espectador. Todo esto funciona como arma de doble filo y seguramente funcione mejor en el ojo de un espectador que está menos acostumbrado a ver películas de esta índole que en el de alguien que haya visto más e identifique la fuente y las referencias de las que parte Layton.
Es interesante que, salvo el último tercio, en el que se encuentra un espectacular y visceral clímax, es una obra notablemente reposada. No envidia el frenetismo que podían tener películas como Driver (1978), de Walter Hill, Vivir y morir en Los Ángeles (1985), de William Friedkin, o incluso la mencionada en la misma película Bullitt (1968), de Peter Yates. Una narrativa que apuesta por la pausa y la construcción progresiva antes que por el impacto inmediato. Ruta de escape se toma su tiempo para desarrollar a sus personajes, hasta tal punto que su inicio puede resultar algo adormecido y lento para lo que se puede esperar de una película así. Pero todo es parte de un plan de escalada que se ve desarrollándose hasta cumplir con creces las expectativas que va generando durante sus largas dos horas y media de metraje.
Se podría decir que Bart Layton no ha inventado nada nuevo, pero, sin embargo, su nueva película ha traído a la cartelera un frescor poco habitual y el pequeño atisbo de esperanza de que se puede hacer cine para las masas sin que sea un insulto a la inteligencia.
Una reivindicación del thriller clásico en tiempos de fórmulas prefabricadas.
Ficha técnica:
Crime 101 (2026)
- Reino Unido
- Duración 140 min.
- Dirección: Bart Layton
- Guion: Bart Layton. Novela: Don Winslow
- Música: Blanck Mass
- Dirección de fotografía: Erik Wilson
- Productora: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Working Title, Story Factory, Raw Entertainment, Amazon MGM Studios. Distribuidora: Amazon MGM Studios
- Género: Thriller