Crítica de La odisea (2026): reseña y opinión de la película

Puntuación ⭐⭐⭐⭐⭐ (5/5)

Christopher Nolan pertenece a ese minúsculo grupo de directores que pueden abordar proyectos cinematográficos mastodónticos con total libertad y disponibilidad de medios. Otro miembro de ese grupo también ha estrenado película este año, como es Steven Spielberg con su magnífica El día de la revelación (2026). Pero es innegable que Nolan siempre va un paso más allá y lleva consiguiendo, desde hace casi dos décadas, que cada estreno suyo sea todo un acontecimiento y se sienta como el momento cinematográfico más importante del año, al menos para la percepción del gran público.

Señalado en ocasiones por gran parte de la crítica profesional y alabado por prácticamente toda la opinión pública, lo que no se le puede reprochar al cineasta londinense es su obsesión por reivindicar la grandeza del cine en salas frente a la epidemia de las plataformas, una convicción que ratifica haciendo películas monumentales que se perciben de una manera radicalmente diferente en una sala de cine que en el salón de tu casa.

Después de muchos años, muchas películas y muchas nominaciones, en 2023 llegaría finalmente su éxito en la temporada de premios gracias a Oppenheimer (2023). Una cinta que, en parte, se distanciaba del resto de obras de su filmografía, especialmente por su tono, pero a la que consiguió otorgar un sentido de magnificencia absoluto al mismo tiempo que hacía uno de los retratos más dolorosos e introspectivos de los últimos años.

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Cartel de la cinta

Con La Odisea (2026), Nolan continúa en su afán por encontrar historias e imágenes más grandes que la vida, con una ambición desmedida por superarse en cada acontecimiento cinematográfico que construye. El relato épico de Homero ha servido de inspiración para cientos de reformulaciones modernas tanto en literatura como en teatro y cine, pero no demasiadas veces se ha adaptado fielmente a la gran pantalla. Lo más destacable es Ulises (1954), de Mario Camerini, protagonizada por Kirk Douglas; Nostos: Il ritorno (1989), de Franco Piavoli, una fascinante cinta muda que lleva todo a lo onírico y sensorial; o la reciente El regreso de Ulises (2024), de Uberto Pasolini, en la que, con medios bastante reducidos, sí se conseguía transmitir esa lucha y carga interior del héroe.

Lo que ha conseguido Christopher Nolan con La Odisea (2026) es contar el ya de sobra conocido relato de la manera más contundente y grandilocuente posible, sin dejarse nada en el tintero y con un amplísimo abanico de recursos diferentes que despliega de manera paulatina a lo largo de sus casi tres horas de duración. La obra pasa por encima del espectador de manera colosal de principio a fin, en un magnánimo relato compuesto a partir de pequeñas historias, en las que Nolan consigue otorgar a cada una identidades diferentes manteniendo un sentido y un rumbo comunes. Siempre le ha encantado, a lo largo de toda su filmografía, hacer virguerías con el tiempo.

Tráiler de La odisea (2026)

Y, aunque evidentemente aquí no haya rastro ni de Origen (2010), ni de Interestelar (2014), ni mucho menos de Tenet (2020), sí que hay un cierto juego de elipsis y saltos temporales a la hora de abordar el relato. Una historia que comienza in medias res para luego ser revisitada y contextualizada a través de pasados pasajes. La película tiene un ritmo trepidante que hace imposible desconectar, apoyándose también en la cantidad de registros diferentes que ofrece. Cada pasaje se narra casi a modo de episodio independiente, estando configurado en largas secuencias prácticamente mudas en las que Nolan solo necesita la portentosidad de las imágenes y del sonido para relatarlo. Hay espacio para la épica, el amor, la traición y el arrepentimiento, pero los instantes que más sorprenden, viniendo de su director, son los dos fragmentos concretos en los que tiende al terror. Una oscurísima secuencia digna de cualquier película de monstruos y otra de puro terror psicológico, llegando al body horror, que amplían aún más las dotes artísticas que conocíamos del realizador británico.

Uno de los elementos que más llamaba la atención de La Odisea (2026) desde la concepción del proyecto era el monstruoso compendio de estrellas que formaba su reparto. Pese a estar todos muy bien, prevalece mucho más la fuerza del relato por encima de cualquier individualidad. Sí es cierto que posiblemente estemos ante el papel más importante en la carrera de Matt Damon y con el que por fin consiga el Oscar al que ya ha estado dos veces nominado. La última vez, por cierto, en The Martian (2015), con otro personaje que tenía que atravesar su odisea para regresar a casa. Pero es que el actor más importante de esta cinta no aparece delante de las cámaras: es Ludwig Göransson, en el que probablemente sea su mejor trabajo. Nolan siempre había trabajado junto a Hans Zimmer, pero, después de la grandísima Dunkerque (2017), el compositor alemán se sumergió en el proyecto de Dune junto a Denis Villeneuve, lo que llevó a Nolan a empezar su relación con Göransson. Su primera película juntos fue Tenet (2020) y se mantuvo también para Oppenheimer (2023), ganando con esta última el Oscar a la mejor banda sonora. Para La Odisea (2026) ha hecho un trabajo quirúrgico, con una composición en absoluto tarareable, pero que logra una sensación intensamente inmersiva y sensorial que funciona casi de manera onomatopéyica. Las expectativas eran y son muy altas, pero Nolan ha estado a la altura.

Ficha técnica:

The Odyssey (2026)

  • Reino Unido
  • Duración 172 min.
  • Dirección: Christopher Nolan
  • Guion: Christopher Nolan. Obra: Homero
  • Música: Ludwig Göransson
  • Dirección de fotografía: Hoyte van Hoytema
  • Productora: Syncopy Production, Universal Pictures, Wildside. Distribuidora: Universal Pictures
  • Género: Fantástico. Aventuras

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