Crítica de Cuando un río se convierte en mar (2025): reseña y opinión de la película

Puntuación ⭐⭐⭐⭐½ (4,5/5)

El director gerundense Pere Vilà Barceló, que presenta película por tercera vez en Valladolid, firma Cuando un río se convierte en mar (2025), una obra que aborda un tema tratado en innumerables ocasiones, especialmente en los últimos años. Incluso durante el propio festival se han proyectado varias películas que lo hacen, como Girl (2025) o La cronología del agua (2025), pero ninguna con el tacto, la sensibilidad y la abrumadora altura ética con la que lo hace esta.

La película narra la historia de Gaia (Claud Hernández), una joven recién llegada a la universidad que ha sufrido una agresión sexual. A partir de ese momento, comienza a experimentar un cambio de ánimo profundo que afecta tanto a su vida cotidiana como a las personas que la rodean.

El primer aspecto que puede generar rechazo a la hora de entrar en la película es su larga duración. Sus tres horas, tratando un tema tan denso y delicado, pueden suponer una barrera de entrada para parte del público. Sin embargo, conviene señalar que esta obra se inscribe dentro de un reducido grupo de películas en las que la extensión temporal tiene un sentido narrativo y casi sensorial, como sucedía en la magistral La bella mentirosa (1991) de Jacques Rivette, donde el tiempo se convertía en una herramienta para expresar la entrega total del artista a su obra y la agonía del proceso creativo.

Crítica de Cuando un río se convierte en mar 2025 opiniones

Cartel de la cinta

Pere Vilà Barceló necesita esas tres horas para plasmar cada detalle y mostrar la evolución del personaje, que atraviesa múltiples etapas y demuestra cómo la sanación de un problema de salud mental no es un proceso lineal, sino más bien una espiral de dudas, miedos y recaídas, y cómo actos tan atroces dejan daños perpetuos e irreparables. La película funciona como un reflejo claro de que la violencia sexual está lejos de ser un problema exclusivamente de los hombres hacia las mujeres; también existe una red de pensamientos y automatismos asumidos socialmente que acentúan y protegen este tipo de comportamientos.

Estos planteamientos requieren del talento que demuestra Pere Vilà para materializarlos en imágenes, porque ahí reside el verdadero punto fuerte de la cinta: la forma en que se desarrollan los acontecimientos. Desde el inicio, el filme establece con claridad su tono y su tempo, manteniendo un ritmo calmado, sin grandes alardes en el uso de la cámara, pero con una atención constante al encuadre y a la manera en que los personajes aparecen o desaparecen dentro de él. La película se construye con relativamente pocos planos pese a su extensa duración: largos planos sostenidos en los que, a partir de las conversaciones, se diluye la noción del tiempo y se genera un magnetismo difícil de ignorar.

Tráiler de Cuando un río se convierte en mar (2025)

Se realiza un claro psicoanálisis detallado a lo largo del tiempo, con un humanismo y una empatía sobrecogedores. Evoca de manera irremediable Querer (2024), la magistral serie dirigida por Alauda Ruiz de Azúa. No solo por el tema, que es habitual en el cine, sino por el modo en que plantea el problema, lo analiza y hurga en la herida, generando debates incómodos que entran de lleno en la raíz del conflicto. Además, es una obra que deja mucho espacio para los silencios y las miradas, permitiendo al espectador procesar y reflexionar simultáneamente sobre lo que se plantea.

La principal diferencia respecto a la serie es que aquí se pone mucha más atención en el duelo, en cómo la vida y la forma de concebirla cambian por completo y para siempre.

Sin embargo, en ningún momento busca recrearse en el drama ni en las penurias de su protagonista, sino exponer una realidad a la que se enfrentan miles de mujeres, con la seriedad y la contundencia que merece, mostrando la importancia de afrontar un problema así acompañada de gente de confianza y de crear mecanismos para que ocurra cada vez menos. Se tacha de “woke”, exagerado o repetitivo el afrontar una y otra vez el asunto de la violencia sexual en el cine. Pere Vilà, al presentar la película antes de la proyección, proporcionaba un dato estremecedor: solo en España hay 14 agresiones sexuales al día, estimándose que únicamente se denuncian el 11% de los casos. Por ende, es más que evidente el larguísimo camino que queda por recorrer.

Pero, para finalizar, lo que realmente resulta fascinante de esta película es la forma en la que te atrapan cada reflexión y conversación, gracias a la gran dirección de actores y a las enormes interpretaciones que ofrecen los cuatro personajes principales. Àlex Brendemühl, Laia Marull y, especialmente, Bruna Cusí están probablemente en el mejor papel de su carrera, pero lo de Claud Hernández es, sin duda, el descubrimiento del año (con permiso de Blanca Soroa en Los domingos (2025)). Esta película contiene secuencias que parecen irreales por su intensidad, conversaciones de tal carga emocional y tan prolongadas que te sumergen y te epatan por completo. Es, sin duda, una obra exigente con el espectador, pero si este logra conectar, la experiencia resulta absolutamente formidable.

Ficha técnica:

Quan un riu esdevé el mar (2025)

  • España
  • Duración 183 min.
  • Dirección: Pere Vilà i Barceló
  • Guion: Pere Vilà i Barceló, Laura Merino
  • Dirección de fotografía: Ciril Barba
  • Productora: Fromzero
  • Género: Drama

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