Crítica de Yo no moriré de amor (2026): reseña y opinión de la película

Puntuación ⭐⭐⭐½✪ (3,5/5)

Marta Matute nos entrega una ópera prima dura y concisa, que sabe tratar los temas con los que lidia, aunque por momentos cueste seguirla, no tanto por su firmeza, sino por el tedio que provoca hacerlo.

Marta Matute se estrena a lo grande con su ópera prima Yo no moriré de amor, un drama frío y tenaz que le valió la Biznaga de Oro a la mejor película española en la última edición del Festival de Málaga, además de la Biznaga de Plata a la mejor interpretación masculina de reparto para Tomás del Estal y el Premio Feroz a la mejor película.

Un largometraje que, sin concesiones, presenta el difícil equilibrio entre vivir sus vidas y desvivirse para ayudar a otra que se genera en las familias cuando una enfermedad tan devastadora como el Alzhéimer les azota, todo ello en un momento clave como es el final de la adolescencia y el paso a la edad adulta.

Una cinta que sabe aunar todos los elementos que suelen gustar en este tipo de certámenes para crear una obra ganadora, aunque algo aplomada, y que, de seguir por la senda del cine de autor, podría hacer de Matute una nueva voz destacada del cine español.

Yo no moriré de amor se centra en Claudia (Júlia Mascort), una joven de 18 años a cuya madre le diagnostican Alzhéimer, y que ahora deberá, junto a su hermana y su padre, cuidar de ella, a pesar de que no quiere: no quiere ser la heroína, solo disfrutar de su breve juventud como cualquier persona. Pero ahora Claudia deberá buscar un modo de lidiar con esa nueva realidad, transformando de paso los débiles vínculos que había con su familia.

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Cartel de la cinta

Lo que hace que esta película destaque es cómo toca todas las teclas para conectar y, hasta cierto punto, incomodar al espectador, mostrando una realidad tan dura como tristemente universal: la decadencia de una persona con una enfermedad degenerativa, de ver cómo un ser querido pasa en poco tiempo de ser una persona totalmente funcional a ser una cáscara de lo que un día fue, y condenar a su alrededor a vivir el resto de sus días cuidándole, teniendo que sacrificar todo por intentar hacer amenos sus días.

Y para más inri en esta familia, donde el padre, interpretado con gran soltura por el secundario recurrente Tomás del Estal, pasa sus días fumando y bebiendo para rehuir de su esposa —el retrato de un tipo de hombre que ha vivido toda su vida fuera del hogar y solo volvía para comer y dormir—, al igual que su protagonista, Claudia intenta hacer todo lo posible por evitar también su hogar y cuidar de su madre, con la que nunca ha llegado a estar muy conectada, dejándolo en manos de su hermana mayor, interpretada por Laura Weissmahr, quien debe volver de Barcelona para organizar y cuidar de su progenitora, y que parece ser la única implicada en la causa a pesar de tener que dejar de lado a su pareja y su carrera profesional. Sin olvidar la actuación de Sonia Almarcha como la madre, protagonista indirecta de esta historia, que de manera silente encarna a la perfección a las personas que sufren esta enfermedad.

Tráiler de Yo no moriré de amor (2026)

Esto es, sin lugar a duda, lo más demoledor en este filme: el retrato no solo de la enfermedad, sino también de los daños colaterales y la falta de medios para que las familias lidien con ella; sobre todo en el caso de la protagonista, que está en la flor de la vida y a la que se le pide que renuncie a disfrutar de los que deberían ser los mejores días, cuando ella no quiere y no va a hacerlo, pues no va a dejar de ir de fiesta, trabajar, actuar en su grupo de teatro y enamorarse —y desamorarse— de otras chicas, todo ello sin importar lo que le pase al resto. Algo con lo que a veces cuesta empatizar y por momentos provoca un desprecio total hacia su persona, pero que, en el fondo, es lo que todos haríamos.

Y todo ello para desembocar en un último tercio dividido en saltos temporales y con un final realista, que encarna a la perfección la reacción media ante este tipo de situación, y quizás eso la haga la ganadora, pues conecta con el espectador de una manera fría y directa, y sabe condensar en una escena vacía todo el sentimiento que ha ido construyendo a lo largo de la obra.

Solo queda ver qué nos deparará la carrera de Marta Matute tras esta ópera prima tan potente, pues si algo nos ha enseñado la industria española en estos últimos años con las nuevas directoras es que tienen dos senderos marcados: el de continuar con el cine de autor y hacer más dramas festivaleros para aspirar algún día a Cannes, o doblegarse al sistema y alternar este tipo de obras con comedias comerciales sin mucha calidad y, si eso, algún drama policial con el que aspirar al Goya.

Ficha técnica:

Yo no moriré de amor (2026)

  • España y Bélgica
  • Duración: 91 minutos
  • Dirección: Marta Matute
  • Guion: Marta Matute
  • Dirección de fotografía: Sara Gallego
  • Música: Simón Fransquet
  • Montaje: Carlos Cañas Carreira
  • Productoras: Solita Films, Elástica Films, Saga Film.
  • Distribuidora: Elástica Films
  • Género: Drama

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