Crítica de Cute (2026): reseña y opinión de la película

Puntuación ⭐⭐⭐⭐½ (4,5/5)

Hay películas que incomodan por lo que muestran y otras, más difíciles de sacudirse, por lo que se niegan a aclarar. Cute (2026), debut en el largometraje de Marlene Emilie Lyngstad, pertenece a las segundas. La historia se centra en Richard, un hombre adulto que abandona a su pareja al no poder ignorar el deseo prohibido que siente hacia su hijastra de siete años, y se refugia en la casa de su infancia para poner orden en su cabeza. Allí conoce a Stella, la cuidadora de su madre, una joven que ha convertido la estética infantil en contenido como camgirl para ganarse la vida. Entre ellos comienza una improvisada relación paternofilial que buscará sanar a ambos.

Lyngstad no filma un escándalo en torno a la pedofilia, sino el esfuerzo cotidiano de dos personas por parecer lo que no pueden ser, y con ello hace lo que más disfruto del cine: dejar al espectador con su propia interpretación de lo que sucede en las imágenes. Aquí la joven directora no juzga a sus personajes ni hace un comentario severo sobre sus actitudes patológicas y obsesivas, ni sobre las filias que tienen. Al principio de la película, el protagonista busca un medicamento o algo que pueda reducir la libido para dejar de tener “fantasías sexuales”, porque sabe que lo que siente por la niña de siete años es indebido; sin embargo, se trata de una obsesión que no logra detener por el placer que le produce. Es un retrato de la interminable búsqueda de amor y aceptación que caracteriza al ser humano.

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Cartel de la cinta

Los personajes, al igual que la humanidad que existe fuera de la película, están rotos, sin reparación posible, atormentados para siempre por emociones indebidas. No tenemos la figura del pedófilo que esperaríamos ver en un documental o serie de Netflix, sino la de alguien atormentado que por fuera se ve y actúa como cualquier otra persona. No es un monstruo que acecha a sus víctimas: es alguien que siente culpa y busca una especie de redención que jamás encontrará.

Con Cute (2026), Lyngstad logra incomodar al espectador sin recurrir al morbo ni a la explotación de imágenes perversas en las que suelen caer otras películas. Es cierto que hay escenas crudas, provocadoras de forma consciente, que buscan colocar al público en un lugar incómodo para que cuestione lo que ocurre en la historia. Pero esa incomodidad nace de gestos pequeños: una niña de siete años que pinta con sus deditos los labios de un hombre mayor, la intimidad que comparten Richard y Stella en una ducha, o el momento en que él le enseña a cepillarse los dientes como si esa mujer adulta fuera una niña. Cute (2026) se sitúa en la misma línea que Sparta, de Ulrich Seidl, por la manera en que se acerca a la pedofilia: sin cuestionarla ni respaldarla, simplemente retratándola como lo que es. Ambas películas observan a hombres marcados por un deseo prohibido, dejando que sea el espectador quien cargue con esa mirada incómoda. Sin embargo, Lyngstad lleva el planteamiento hacia otro terreno. En lugar de la observación documental de Seidl, se detiene en la ficción para hablar sobre la culpa y sobre el esfuerzo constante de su protagonista por parecer normal.

Tráiler de Cute (2026)

Nada de esto funcionaría sin la delicadeza y la sutileza de sus actores principales, Jan Gunnar Røise y Gina Jaqueline, quienes logran que sus personajes se sientan reales y humanos, lejos de las caricaturas o exageraciones en las que podrían haber caído. Jan interpreta a un hombre perdido en sí mismo, que intenta hacer lo posible por sobreponerse a sus sentimientos, pero, a medida que avanza el relato, nos damos cuenta de que sus perversiones oscuras lo acompañarán para siempre. Gina, por su parte, captura esa “inocencia infantil” que excita a sus clientes a través de su contenido sexual en línea, con un rostro que parece resaltar una juventud distinta a su edad real, y siendo consciente de que la explota, mediante las imágenes en la web, para ganar dinero. Su ternura hace que los hombres caigan rendidos ante ella. Un claro ejemplo del trabajo de ambos actores es la escena en la que tienen sexo en una sala mientras miran una película casera de la infancia de Stella. Richard observa con pasión las imágenes que se proyectan en la televisión, una niña jugando y divirtiéndose, y eso es lo que lo excita. Es una escena muy breve, pero que logra por completo el cometido de la directora detrás de la puesta en escena.

Es una cinta que reflexiona sobre el estado emocional actual de la humanidad, una humanidad que se ha perdido entre imágenes en línea y para la que el deseo se ha vuelto una forma de consumo capitalista. Plataformas como OnlyFans, la ropa, los juguetes y los contenidos online perfectamente fabricados componen el universo en el que se mueven los protagonistas. Desde ahí, Lyngstad plantea que el anhelo de la inocencia infantil puede convertirse en mercancía, algo que se representa hasta que uno termina necesitándolo. Richard y Stella son producto de ese ecosistema, aunque crean haberlo dejado atrás. En un punto, en la imagen web se puede ver a Stella jugando con peluches, acariciándolos de forma erótica, en una habitación infantil rodeada de juguetes, y de pronto esa misma imagen se pixela y se fragmenta hasta llegar a unos tonos verdes y oscuros digitales. Es una forma de hablar de lo mal que se encuentra nuestra sociedad en el consumismo.

Al final, Cute (2026) es una película provocadora y consciente de ello. Uno no sale de la sala igual que entró, y también termina emocionado por lo que vendrá en la filmografía de su directora, Marlene Emilie Lyngstad, porque este es un debut fuerte, sólido y verdaderamente fascinante en muchos aspectos. Es una cinta atrevida, sin miedo a lo que dirá el público, que va en contra de las expectativas sociales y pertenece a esa clase de películas que uno va a buscar a un festival de cine, muy lejos de la terrible cartelera que tenemos actualmente.

Ficha técnica:

Cute (2026)

  • Dinamarca, Suecia, Noruega
  • Duración: 106 min
  • Dirección: Marlene Emilie Lyngstad
  • Guion: Marlene Emilie Lyngstad, Emilie Koefoed Larsen
  • Música :Josefine Skov
  • Dirección de fotografía: Thomas Dyrholm
  • Productora: Nordisk Film Production A/S
  • Género: Drama.

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