Crítica de Puñales por la espalda: De entre los muertos (2025): reseña y opinión de la película
Puntuación ½✪ (3,5/5)
Ya desde su primera película, Brick (2005), Rian Johnson demostraba manejarse bien en el cine negro y el misterio. 20 años después de su debut en la dirección no se ha alejado del tema más que para dos notables incursiones en la ciencia ficción: The Last Jedi (2017) y Looper (2012), de la cual se dijo, sin demasiada fortuna, que era la heredera espiritual de Matrix. Nada más lejos de la realidad, pero fue su salto a la fama y la película que sienta las bases de lo que es su estilo: perfección formal e inverosimilitud.
Las comparaciones con Hitchcock son odiosas, pero sin duda algo de cierto hay. Sus películas rompen con la verosimilitud, si en Brick se reconstruye un film noir al uso en base a un instituto americano, caracterizando a los alumnos de personajes estereotipados del género, recordando ligeramente a Bugsy Malone (1976) de Alan Parker, en Looper hace lo mismo deshaciéndose del principio sobre el cual se regían la mayoría de las películas sobre viajes en el tiempo hasta entonces, el principio de autoconsistencia de Novikov; en su maravillosa The Last Jedi modifica las reglas estructurales del mundo de Star Wars, no copiando, sino construyendo nuevas leyes impositivas que desaparecieron súbitamente en la desagradable The Rise of Skywalker (2019).

Cartel de la cinta
Tuvo tiempo de hacer sus incursiones en las series dirigiendo el mejor capítulo de una de las mejores producciones para la pequeña pantalla que se han hecho este siglo: Breaking Bad y su capítulo Fly. Y finalmente llegó, tras las desavenencias con Disney a raíz de Star Wars a su pequeño micromundo de la mano de Netflix: Knives Out donde reavivó el subgénero whodunit, venido a menos salvo algún que otro caso puntual sin demasiada relevancia y las incursiones, tal vez con demasiada relevancia, en la materia de Kenneth Brannagh. Tal vez tengamos que irnos al 2001 para llegar al último hito en este subgénero, Gosford Park, de Robert Altman. El cual homenajeó con mucho talento, el cual pocas veces le ha faltado a Altman, esas magníficas novelas de Agatha Cristie, Arthur Conan Doyle o Dashiell Hammet.
Durante los años 30 se popularizaron las adaptaciones de estas historias, más allá de algún notable caso aislado de Sherlock Holmes. Pero sin duda todo comienza a nivel comercial con la olvidada saga de Thin Man, de Dashiell Hammet, iniciada por La cena de los acusados (1934), que mezclaba el género con comedia, fue la que le dio el arreón final e indujo la creación de ciertas películas paródicas como Un cadáver a los postres (1976) y/o Cluedo (1985), reconvertida en juego de mesa. Grandes cineastas como René Clair: Diez Negritos (1945), Sydney Lumet: Asesinato en Orient Express (1974) o Billy Wilder: La vida privada de Sherlock Holmes (1970) habitaron, de una manera u otra, este microcosmos, y, con el citado film de Robert Altman, en 2001 murió.
Salvando las buenas intenciones de los remakes de Brannagh (que tendrá sus fans entre los que no me incluyo), y las incursiones de Guy Ritchie en ese Sherlock Holmes (2009-2011) super-heróico y videoclipero que tan poco me convenció, el género pasó sin pena ni gloria durante años y años, resucitando única y exclusivamente en notables series como Sherlock (2010) y la más cercana Sólo asesinatos en el edificio (2021), y yendo en su vertiente más dramática: True Detective (2014) (sobre todo, para la crítica y el público, la primera temporada) y tal vez Mindhunter (2017), genial serie de David Fincher, injustamente cancelada. Y entonces llegó él. Cuando nadie se lo esperaba Rian Johnson reunió a un reparto de actores conocidos (unos más que otros) y se las ingenió para, emulando un poco el espíritu de Thin Man, regalarle a los espectadores una divertidísima película de detectives donde un caso imposible ha de ser resuelto por el mejor detective privado del mundo: Benoit Blanc, interpretado por el James Bond de aquel entonces (y hasta ahora): Daniel Craig. Esto es llamativo, pues rompía completamente con el estereotipo que le brindaba su rol de 007, y funcionó como un tiro. Craig, acompañado por actores o bien famosos o bien muy de moda, Chris Evans, Toni Collette, Jamie Lee Curtis, y una estrella despegando: Ana de Armas, conocida en Estados Unidos única y exclusivamente por su cosificado papel en Blade Runner: 2049 (2017), infravaloradísima secuela tardía de la obra maestra de Ridley Scott.
Knives Out (2019) funcionó genial, el asesinato ingenioso de Christopher Plummer, resuelto con humor, carisma y decenas de giros de guion. Todo hacía esperar que el género sufriese un repunte. Y pasaron dos cosas: La incursión o más bien el auge de popularidad del true crime en el podcast y la serie que cogió la estela de tanto la película como del true crime: Sólo Asesinatos en el Edificio (2021-2025), que repetía un poco la fórmula: cast famoso, reconocible y carismático; un marcado tono cómico que funcionaba genial y crímenes que despertaban el interés del espectador.
Tráiler de Puñales por la espalda: De entre los muertos (2025)
En 2022, debido al éxito de su predecesora y gracias al éxito de las series, Rian Johnson volvió a las andadas y sacó la secuela de Knives Out: Glass Onion. Y no funcionó. Netflix, en su afán por repetir el éxito, se gastó una millonada en una extrañísima campaña publicitaria de manos de streamers y youtubers y en castear un reparto de lujo donde conviven viejas estrellas venidas a menos: Edward Norton, Kate Huston… con nombres populares del cine como Ethan Hawke, del cine reciente como Dave Bautista y apuestas por futuras estrellas que por desgracia no se han consolidado, como Leslie Odom Jr., Kathryn Hahn o Madelyn Cline. Y espacio para sonados cameos como Hugh Grant o Angela Lansbury.
La película no funcionó, tanto por su errático tono, centrado muchísimo más en la comedia que su predecesora, como en la carisma de tan dispar reparto. Y es que en esta cinta no había una Ana de Armas cohesionando el grupo, pese a los esfuerzos de Janelle Monáe.
El juguete se había roto, pero se recompuso con la creación de la serie Poker Face (2023) del mismo Rian Johnson. Una vez más la serie salvando el whodunit en el cine. Cuando se anunció la tercera película de la saga Poker Face ya estaba herida de muerte. Y la duda se cernía sobre los cimientos de la saga de Benoit Blanc. Pero Johnson lo volvió a hacer.
Y tras este pequeño preámbulo indagando en el contexto en el que transita la obra, llega a Netflix: Wake Up Dead Men: A Knives Out Mystery (2025). Esta cinta reúne el acierto de cast de la primera con la fortaleza visual que ha ido forjando el cineasta británico a lo largo de su carrera. Vira hacia el drama, haciéndola mucho más seria que su errática predecesora e incluso más seria que la película que funda la saga. Debido a ello notamos el producto mucho más maduro, eso sí, con muchísimos gags cómicos que rompen la tensión con muchísimo acierto.
Comencemos por el reparto: Josh O’Connor es uno de los mejores actores del panorama. Si el personaje de Ana de Armas o Janelle Monáe es la clave del éxito o fracaso de sus predecesoras (y notad que menciono personaje no actuación, ya que a mi parecer todo recae sobretodo a nivel escritura del personaje, creo que Monáe lo intenta pero su personaje no da más de sí), Johnson escribe un John Wayne en The Quiet Man (1952), que en lugar de luchar por rehacer su vida y luchar por el amor de la temperamental Maureen O’Hara ha de luchar por rehacer su vida y resolver un misterio.
En lo espiritual y físico, por su parte, su personaje me parece cercano a Bartosz Bielenia en la genial Corpus Christi (2019), de Jan Komasa. Su acting es tan contundente que casi olvidamos que durante casi la mitad de la película no hay Benoit Blanc. O’Connor carga con todo el peso actoral, quien, pese a estar acompañado de actores geniales como Glenn Close, Josh Brolin, Andrew Scott o Cailee Spaeny, se convierte en amo y señor de la cinta hasta que comparte, humildemente, protagonismo con Daniel Craig.
Y es que seamos sinceros, la cinta es irregular, pero pelea de tú a tú con la primera por convertirse en la mejor de la saga. Y es que si bien tiene errores, como desaprovechar a ciertos actores, casi relegados a un rol anecdótico cuando podrían haber dado mucho más de sí, y me refiero sobretodo a Spaeny sobre la cual aguanta un primer plano durante un buen rato en su tercio final demostrando un desfile de emociones que desprende mucha más habilidad actoral que la de nombres más conocidos como Jeremy Renner, Mila Kunis o Kerry Washington, los cuales tienen más minutos y mucho menos que mostrar.
También es el caso más inverosímil de los tres, volviendo a esa tendencia casi hitchcockiana de Johnson por contar lo que quiere como quiere y porque quiere. Me viene a la cabeza un genial contrapicado a Brolin con una bandada de pájaros a sus espaldas, casi emulando a Los Pájaros (1963) de Hitchcock. ¿Por qué? Porque queda bien, y no necesita más.
En ciertos apartados, casi oníricos, en el preámbulo de la cinta, repite este efecto con las vidrieras azules y rojas de la iglesia, dándole un poder a la imagen, que si bien es inverosímil en lo formal, queda completamente natural en su ejecución. En lo visual, el director ha encontrado a su cómplice perfecto en Steven Yedin, el cual por alguna razón no acaba de destacar bajo las órdenes de otros cineastas.
Sobre esta cinta hay que celebrar, además, su vuelta a sus orígenes literarios, y es que si en la primera entrega el difunto es un aclamado novelista de misterio, en esta ocasión son las novelas mismas las que ayudarán a desentrañar el crimen, y uno de los personajes, novelista venido a menos, se reconvierte al misterio para ver como sus novelas sólo contentan a aquellos a quienes no quería contentar: La caracterización de los rednecks en la película.
Y esto es llamativo, porque si algo destaca también en el film es su incipiente carga política: El discurso de odio con afán manipulador y divisivo, “haters gonna hate”, o citando a Star Wars, franquicia en la que ha trabajado el cineasta: “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio lleva al lado oscuro”, toma nota Brolin. Claro alegato anti-trumpista que no sé cómo ha permitido Netflix. Gracias.
En definitiva, Wake Up Dead Men: A Knives Out Mystery (2025) es buena. Es una película entretenida, que dura mucho pero que parece que dura poco, es irregular y festiva, seria pero divertida, es una película la cual, por si las dudas, revive la franquicia. Hay Benoit Blanc para rato.
Ficha técnica:
Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery (2025)
- Dir: Rian Johnson
- Guión: Rian Johnson
- Fotografía: Steve Yedlin
- Reparto: Daniel Craig, Josh O’Connor, Glenn Close, Josh Brolin, Mila Kunis, Jeremy Renner, Kerry Washington, Andrew Scott, Caylee Spaeny, Daryl McCormack
- Género: Intriga, Comedia,
