Crítica de La larga marcha (2025): reseña y opinión de la película
Puntuación ✪✪ (3/5)
Hay películas que se ven, hay películas que se disfrutan y hay películas que se afrontan. Las películas que se ven han tenido algún problema, porque ver no implica mirar, y ver sin mirar es un ejercicio vacuo, como quien mira la hora cuando va caminando sin prisa en lugar de mirar lo que acontece a su alrededor, estas películas se deben disfrutar, porque si no son disfrutables son un fracaso.
Las películas que se disfrutan dependen de la subjetividad más absoluta de cada uno. Uno disfrutará viendo Titanic y otro disfrutará viendo In Water. Y en ambos casos está bien, pero deberían requerir de mirar para disfrutarse. Por último están esas películas que se afrontan, se afrontan porque las miramos, pero que puede que disfrutemos si sólo las vemos. Las películas que se afrontan hacen al espectador partícipe del proceso. Le invitan a pensar y a tomar una postura, están por encima del mero disfrute, claro que es decisión del espectador entrar en ese juego o no.
Cuando en 1979 Stephen King publicó La Larga Marcha bajo el pseudónimo de Richard Bachman ya se sabía que era carne de adaptación cinematográfica. Una adaptación que se debía afrontar, no disfrutar. Tal vez por ello hemos tardado casi medio siglo en verla en la pantalla.

Cartel de la cinta
Algunos de los intentos más relevantes de llevarla al celuloide fueron de George A. Romero en 1988 y de Frank Darabont en el 2007. Cabe mencionar que esas dos películas sin lugar a dudas son mejores en la imaginación del espectador que la que ha dirigido (o rodado) Francis Lawrence, director conocido por la saga Los juegos del hambre y la última adaptación de Soy Leyenda. Y es que Lawrence es un artesano, no tiene estilo propio, pero rueda bien, aunque centrado en un tipo de cine muy concreto.
El cine de Lawrence busca el disfrute del espectador, también busca la emoción, lo cual es un planteamiento un poco turbio para una obra que relata el sufrimiento de unos adolescentes abocados a la muerte. Un ejercicio de sadismo que se justifica en el contexto de la obra. El significado de este sufrimiento, el mensaje que se le da al lector o al espectador en el caso de esta adaptación. Es el verdadero huevo de oro de la película. O al menos así debería serlo, y como mínimo es lo que busca. Pero no lo consigue.
La película, que adapta de manera libre la obra, pasa de 100 competidores a 50, de los cuales llegamos a ver alrededor de 20, y muchas otras cosas por el estilo. No es criticable, hay que adaptar en menos de 2 horas 400 páginas de un libro. Libro en el cual tienen protagonismo menos de 20 chavales pese a ser 100. Sin embargo, no estoy del todo seguro de que la adaptación de los personajes sea la correcta. Cambian, se fusionan unos con otros, entrelazan destinos e intrahistorias. Cosa que confundirá al lector de la novela y que pasará desapercibido por el espectador que entre virgen a la propuesta. La duda es si el cambio es a mejor o a peor.
Tráiler de La larga marcha (2025)
Otras decisiones importantes a la hora de adaptar la novela, que no mencionaré por no destripar nada de la película, sí que me parecen interesantes o acertadas, y creo que funcionarán mejor incluso para los lectores de la misma. J. T. Mollner, el guionista de la cinta, es sin duda fan del libro y ha intentado más allá de la mera réplica, lo cual se agradece, pese a que se haya equivocado en muchas cosas, el riesgo le ha llevado a acertar en otras y es que es mejor equivocarse por intentarlo que acertar sin arriesgar buscando la mera complacencia.
Sobre el metraje en sí, obviando el guión, me parece complicado valorar. Hay dos tipos de cines, el estático y el dinámico. El dinámico puede estar vinculado al movimiento de la cámara o a la acción dentro de un mismo cuadro. También a la fugacidad del montaje o a la acidez del diálogo. Sin embargo el estático es más pausado, con predilección a fijar la imagen, a que haya menos acción, a tomas más amplias y a menos cortes. No hay ninguna cinta que sea 100% estática o 100% dinámica. Siempre hay un tanto por ciento de cada uno. Una obra que adapte a personas caminando sin parar tiene que aceptar el dinamismo de la premisa. Sin embargo, cuando casi todo son diálogos existenciales hay que aceptar lo estático de la misma. Creo que Lawrence no tiene en cuenta eso, y es un problema, porque la obra navega en un punto medio que no la favorece, sin riesgo no hay recompensa, y parece que el cineasta no arriesga, y eso implica decenas de fallos de raccord que entorpecen el montaje.
Decía Walter Murch en su libro Esculpir el tiempo, que lo más importante del montaje es la emoción, y que los fallos de raccord están supeditados a ella. Así se puede justificar el errático montaje, el cual, sin embargo, posiblemente hubiese ganado mucha más fuerza con una cámara en mano y acercándose más a los protagonistas. Con tomas más largas y recomponiendo el cuadro. Dotando a la adaptación de la estaticidad que en mi opinión requiere.
En mi opinión la película está bien, es entretenida, contiene una interesante dosis de gore y varios personajes carismáticos. Sin embargo se equivoca en su planteamiento visual y el guionista toma tantas decisiones a la hora de adaptar la novela que resulta errática, muchos aciertos pero muchos errores. Es una película que se debería mirar, pero que por desgracia sólo se puede ver. Qué tristeza que no la dirigiese Romero.
Ficha técnica:
The Long Walk (2025)
- Estados Unidos
- 108 minutos
- Dirección: Francis Lawrence
- Guion: J. T. Moliner
- Novela: Stephen King
- Reparto: Cooper Hofman, David Jonsson, Mark Hamill
- Fotografía: Jo Willems
- Música: Jeremiah Fraites
- Género: Thriller, Terror
