Análisis y explicación del documental Tardes de soledad (2024)
Si hay un director en España capaz de crear polémicas, hacer declaraciones incendiarias y protagonizar titulares llamativos, sin dejar indiferente a nadie, ya sea por sus películas o por alguna entrevista o discurso, ese es, sin duda, uno de los cineastas más internacionales de nuestro cine, el catalán Albert Serra.
En 2024 sorprendía con su nueva película documental, Tardes de soledad (2024), largometraje que acabó alzándose con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián. Desde su proyección en este certamen, lo que más llamó la atención de esta obra, más allá de su calidad artística, fue cómo tanto gran parte de los defensores de la tauromaquia como muchos antitaurinos auparon la película, calificándola de obra maestra. Lo más llamativo de todo era que unos la catalogaban como una gran pieza que resaltaba los valores del toreo, mientras que otros hablaban de cómo el cineasta de Girona reflejaba la crueldad a la que se enfrenta el toro en una corrida.
Diferentes opiniones y argumentos que desembocan en algo totalmente opuesto para ensalzar una misma película vista desde otro prisma. Esa es la magia de Tardes de soledad. Algo muy similar a lo que ocurrió con la película de Alauda Ruiz de Azúa, Los domingos (2025), donde dos posiciones que podrían estar totalmente enfrentadas —los creyentes y los ateos que acudieron a ver la cinta— acaban ensalzando por completo una película que también logró alzarse con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián. Dos películas con un punto de vista aparentemente neutro que nos hacen reflexionar sobre lo que estamos viendo y que seamos nosotros quienes saquemos nuestras propias conclusiones.
Tardes de soledad es un documental que retrata el mundo de la tauromaquia desde el punto de vista del matador peruano Andrés Roca Rey y su cuadrilla a lo largo de distintas jornadas de corridas de toros, desde los preparativos —como el momento en el que el torero se viste de luces— hasta lo que ocurre después de la faena en la plaza. A través de una puesta en escena muy cercana, como si fuéramos un espectador más dentro del ruedo, Albert Serra observa el ritual de la tauromaquia y la experiencia personal del torero frente al toro.
Es un documental que se centra en la soledad del torero en el momento del enfrentamiento, mostrando tanto la tensión física y emocional como la violencia del espectáculo. Más que explicar la tauromaquia, la película propone una reflexión visual sobre el riesgo, la tradición y la cercanía entre vida y muerte que atraviesa ese ritual.

Fotograma del documental
Como hemos dicho anteriormente, es una película tan observacional que puede parecer que Albert Serra no se posiciona desde ningún punto de vista. Y, pese a que ha declarado que le interesa el mundo del toreo y se siente, de cierta manera, atraído por él —ya que, según expresó, si no fuera así, no habría hecho la película—, podemos observar cómo, sobre todo a través del lenguaje cinematográfico y el punto de vista de la cámara, Serra reflexiona y va más allá en este tema de la tauromaquia. Lo hace de una forma muy sutil, pero, aun así, el cineasta también es crítico con aquello que dice respetar y valorar.
Uno de los aspectos más importantes y característicos de la película, y por el que llamó tanto la atención en su estreno en el Zinemaldia, es esa violencia tan explícita hacia el toro. Imágenes tan espectaculares —recomendamos verla, si es posible, en pantalla grande— del torero frente al toro en el albero hacen que tú, como espectador, sientas que estás ahí mismo presenciando la corrida, que la sufras y que la vivas casi en primera persona.
No juega con la belleza de las imágenes desde un punto de vista puramente estético, no se recrea en ellas ni espectaculariza la imagen, sino que hace que sientas lo que estás viendo, pudiendo incluso llegar a verse como una película de terror en su momento de máxima tensión. Solo que, en lugar de ver cómo una persona baja a un sótano oscuro, vemos a una persona esperando a que un toro vaya a por él.
Tráiler de Tardes de soledad (2024)
Otro aspecto singular de la película es cómo intenta romper con esa masculinidad heterosexual que representa el toreo y el matador de toros. Hay una imagen que muestra de una forma muy clara todo esto: vemos cómo el torero Andrés Roca Rey se prepara para la corrida, colocándose unas medias cuidadosamente y cómo es ayudado por otra persona para hacerlo, que incluso casi lo coge en brazos.
Vemos aquí una sensualidad cercana al homoerotismo a través de unos planos que se detienen en esos detalles. Una manera que tiene Serra de romper con esa masculinidad puramente heterosexual, la del macho, que representa el mundo del toreo.
La cuadrilla de Roca Rey desempeña un papel muy característico dentro del documental. Los elogios constantes, casi ridículos, al torero, tanto durante la faena como después, en las conversaciones en el coche de vuelta al hotel, se repiten una y otra vez, glorificando y endiosando de una manera grotesca al protagonista, de forma totalmente desmedida.
Además de calificativos propios como «maestro», también dicen de él que es «la verdad», signifique lo que signifique eso. Todo esto hace que, de lo ridículo que puede llegar a ser, se convierta en algo cómico —las carcajadas en las salas de cine son irremediables—, perdiendo así toda la solemnidad que pretende tener el toreo.
Final de Tardes de soledad: explicación y significado
Otra parte fundamental, y quizá la más sutil, es el punto de vista que adopta Albert Serra en las imágenes que recoge durante la corrida, como hemos dicho, tan impresionantes. Vemos en repetidas ocasiones la cara del toro en primer plano, jadeando, sufriendo, ensangrentado. En ese mismo momento, mientras observamos esa imagen, si atendemos al sonido, lo que escuchamos son insultos constantes hacia el animal o una plaza de toros repleta que abuchea a ese toro a punto de ser asesinado.
También, al contemplar el momento en el que Roca Rey mata al animal, tenemos otra vez al cineasta con la cámara sobre el toro. Ahí vemos no solo el momento clave en el que es atravesado por una espada, sino que también nos muestra su sufrimiento. Albert Serra podría quedarse con la imagen del torero triunfador, pero decide mostrarnos al animal.
Aquí, otra vez, hay que prestar especial atención al sonido, porque mientras vemos sufrir y morir al animal, lo que escuchamos en toda la plaza son aplausos y vítores. Albert Serra muestra; el espectador saca sus conclusiones.
Dicen que Andrés Roca Rey acabó disgustado con el resultado final del documental al no verse realmente reflejado en él. No le gustó el trabajo de Serra. Por otro lado, al cineasta le fue otorgado el Premio Nacional de Tauromaquia. De nuevo, dos puntos de vista tras la visualización de un mismo documental.
Eso es lo que hace grande a esta pieza de Albert Serra: no cae en dogmatismos, no te dice lo que debes pensar como espectador, simplemente se dedica a contar una parte concreta de la tauromaquia. Y, a partir de ahí, el trabajo ya es del público, que, a través de su reflexión posterior, le otorga un significado a lo que ha visto durante el metraje.