Entrevistas

Dani Jiménez – 03/07/2023

Entrevista a La Caneli: “John Waters me enseñó a no tener prejuicios a la hora de disfrutar del cine”

Alberto Fernández, más conocida como La Caneli, es una drag queen y una de las mayores divulgadores sobre cine LGBTQ+ de España. Con motivo de su participación, en el reciente libro que la editorial Dos Bigotes ha publicado sobre el gran cineasta queer John Waters, bajo el título de ¡Larga vida al trash! , La Caneli se ha pasado por Historia del Cine.es para comentarnos algunas cosas acerca del libro, entre muchas otras cosas.

Para los que quieran saber más de ella, tiene un podcast sobre cine y divulgación de la cultura LGBTQ+, llamado ¡Ay, La Caneli! Desde aquí agradecer la enorme simpatía y predisposición de La Caneli, a la hora de poder llevar a cabo la entrevista que vais a leer a continuación.

La Caneli en un teatro

La Caneli

¿Quién es La Caneli?

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: Para aquellos que no te conozcan, ¿Cómo definirías a La Caneli?

La Caneli: Bueno, La Caneli es una drag y una travesti muy preocupada por divulgar sobre cine, cultura LGBTQ+ y cultura pop. La cultura LGBTQ+ se nutre directamente de la cultura pop, tanto la estadounidense, que nos ha influido desde que éramos pequeños, como la española. Es importante para mí reivindicar la cultura popular española, que es muy rica y que ha sido menospreciada debido a que gran parte de ella se produjo durante la dictadura.

Sin embargo, es necesario rescatar y reivindicar la figura de las folclóricas, que históricamente han sido denostadas. En mi día a día, las folclóricas están muy presentes, como Conchita Piquer, que es una de mis influencias constantes. Cuando me proponen hacer algo, siempre pregunto: «¿Y cuánto va a ser? Porque si no gano dinero, no me divierto», tal y como decía ella (risas). Entonces, eso, lo importante para La Caneli es reivindicar la cultura popular en general, la cultura LGBTIQ+, porque si no somos capaces desde el propio colectivo en preservar esa cultura, ya ha quedado más que demostrado que el mundo heterosexual no lo va a hacer por nosotras. Y bueno, por otro lado, obviamente el cine, que es una de mis grandes pasiones.

La importancia de preservar la memoria

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: La gente tiende a creer que el transformismo es algo reciente, pero como bien mencionas, ya existía el transformismo desde principios del siglo pasado en nuestro país. ¿Cómo llegaste a conocer a esas artistas y sus diversas historias?

La Caneli: Hay un momento que a mí me dio mucha pena, pero que me abrió mucho los ojos en esto. Leyendo un libro llamado Transbarcelonas: cultura, género y sexualidad en la España del siglo XX, que habla un poco de la historia del transformismo, sobre todo en Barcelona que es donde se origina más en cuanto a la península a principios del siglo XX. Y el libro habla, de cómo durante la segunda república hubo una explosión increíble de transformistas, de artistas de variedad y demás. Y claro, de repente de todas aquellas artistas que había, no nos ha llegado nada prácticamente hoy en día. Lo único que nos ha llegado, son las fichas policiales de las detenciones, y obviamente en esas fichas solo vienen los nombres, no viene nada más.

Claro, sí que nos han llegado esos testimonios de que era como una eclosión de fiesta. Cuando leí sobre ello, me dio muchísima pena, por ver que nadie se ha preocupado en preservar la figura de las artistas de aquella época. En la actualidad, estamos presenciando también una fuerte eclosión, pero ahora tenemos las redes sociales y otros medios para dejar testimonio. Sin embargo, hace 100 años ya existía algo similar, aunque nos hayan hecho creer que era algo nuevo. Por eso me di cuenta de la importancia de preservar nuestra propia memoria en la actualidad. Por ejemplo, aún recordamos los años setenta y ochenta, cuando surgieron muchas grandes artistas en nuestro país, pero incluso esas figuras se están empezando a perder. Esas personas están falleciendo y sus testimonios se van perdiendo gradualmente. De ahí surge mi conciencia social de preservar y crear una historiografía LGBTQ+ de las artistas del colectivo.

El drag es política

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: En una entrevista anterior que realicé a alguien relacionado con el mundo del drag, esa persona me dijo que el drag es política manifestada de forma artística. ¿Compartes esta opinión?

La Caneli: Obviamente la política impregna cada sentido de la vida, cada cosa que haces en la vida está impregnada de política, por mucho que queramos negarlo. Cuando algunas personas dicen cosas como «lo politizáis todo», es importante recordar que la política está intrínsecamente ligada a nuestra existencia. Hace treinta o cuarenta años, podría haber sido golpeada o arrestada simplemente por caminar de la mano con mi novio. Por lo tanto, es evidente que mi existencia en el año 2023 es política, ya que si nadie hubiera protestado en su momento, yo no estaría aquí.

Como drags,  cuando comenzamos a ganar cierta fama y atraer seguidores, eso se convierte en una plataforma. Utilizar nuestra plataforma para dar voz a problemáticas políticas es algo fundamental; sería trivial, incluso diría que sería éticamente incorrecto no hacerlo. Cuando subo al escenario, soy plenamente consciente de que también tengo un altavoz y que estoy aprovechando una plataforma en la que muchas personas me van a ver. Lo que cuente en ese escenario puede resonar de alguna manera en las personas, independientemente de si están de acuerdo o no con ello.

La importancia de seguir aprendiendo

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: Eres una referente para muchas drag queens que están empezando. En su día cuando te iniciaste en el mundo del drag, no había tantos referentes o gente de la que verte reflejada como hoy en día. ¿Cómo fue lidiar con ello?

La Caneli: Soy muy curiosa y me gusta investigar a fondo, no quedarme solo en la superficie. Por eso, siempre he buscado muchos referentes, especialmente en el pasado. Al buscar referentes en el pasado, terminas sintiéndote menos sola, por así decirlo. Es cierto que hoy en día pegas una patada y te salen mil travestis, y no hay problema con eso, eso es que la cosa ha mejorado para bien en ese sentido. Muchas chicas me han escrito pidiendo consejos, como mi hija Jessica Pulla, que comenzó de manera similar. Ella era una persona que me seguía en Instagram y buscaba ayuda y consejos para forjar una carrera, y teníamos muchas cosas en común, incluida nuestra pasión por el cine clásico.

Así comenzó a surgir una amistad y una relación más sólida, y decidí adoptarla como mi hija y guiarla en ese aspecto. Hoy en día sí que existen referentes, y es muy importante que los haya. Sin embargo, también es fundamental tener curiosidad, investigar, conocer, entre otros aspectos.

Entrevista a La Caneli

A nivel personal, aún me quedan muchas cosas por aprender, muchas películas por ver si hablamos del cine. Pero creo que la emoción de tener aún mucho por descubrir, ya sea libros por leer u otras cosas, es verdaderamente maravillosa. No se trata de una competición de quién conoce o ha visto más, sino del placer simple de ir descubriendo cosas nuevas. Animaría a las personas a seguir descubriendo y aprendiendo, que esto sea algo que les motive en su día a día. Yo misma sigo aprendiendo, explorando e investigando a La Caneli para ver adónde me lleva y qué puedo obtener de ello. Creo que lo más importante que les diría a las personas es que no se conformen, que sigan investigando y evolucionando, porque al final la vida es precisamente eso, un camino que una recorre.

Uno de sus viajes más importantes

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: ¿Cómo recuerdas tu salida del armario? ¿Qué de importante fue el cine en ese viaje personal?

La Caneli: Fue todo un viaje a recorrer. Tardé bastante en salir del armario. Hoy en día, la gente sale del armario rápidamente, lo cual es genial. Yo salí del armario a los diecinueve o veinte años, cuando estaba en segundo de carrera, y fue una necesidad. Me caí del armario porque ya no podía más. Ahora lo cuento de forma divertida, pero en realidad fueron años oscuros, a pesar de aparentar estar bien por fuera. Por dentro, estaba en un estado de alerta absoluta; es decir, constantemente alerta para evitar que se no se me cayera la careta. Llega un momento en el que resulta completamente agotador y ya no puedes más.

Recuerdo que mi salida del armario fue como la gota que colmó el vaso, cuando resultó que una amiga estaba enamorada de mí y se me declaró en cierta medida. Yo simplemente dije: “mira, ya no puedo más, de verdad, soy gay” (risas). No fue algo planeado, simplemente ocurrió así. Pero en ese momento tuve claro que no había vuelta atrás. El cine realmente me salvó en ese sentido, ya que veía películas con temáticas LGBTQ+ en secreto. A partir de principios de los 2000, comenzaron a surgir muchas comedias absurdas con personajes LGBTQ+, y se hicieron bastante conocidas en ese mundo aún un tanto arcaico de internet.

Me tragaba todas las películas, absolutamente todas. Eran malísimas, pero no había muchas opciones en aquel entonces. Aunque ya era una época en la que empezamos a ver series como Queer as Folk (1999-2000), lo cual me brindaba ciertas cosas en las que podía refugiarme y ser yo misma mientras las veía.

Recuerdo que cuando se estrenó Brokeback Mountain (2005), todavía estaba en el armario. En la universidad, tenía una amiga que era muy gay-friendly, y ella poco a poco me iba tirando indirectas, sabiendo que yo era gay. Cuando esta película se estrenó en los cines, decidí que tenía que verla.

Pero ¿cómo podía hacerlo sin levantar sospechas o causar revuelo? Entonces se me ocurrió ir a donde mi amiga y decirle: “mira, sé que te gustan mucho los gays, así que me ofrezco a acompañarte a ver Brokeback Mountain (2005)” (risas). Y ella, por supuesto dijo: “venga, cariño, vayamos las dos juntas” (risas). Recuerdo que la vi súper seria en el cine, pero por dentro me moría de amor, aunque intentaba fingir delante de mi amiga. Por eso llegó un momento en el que dije: “mira, ya no más”.

También me afectó cuando vi The Rocky Horror Picture Show (1975), y ahí pensé: “aquí comienza tu nueva vida”. Por otro lado, aunque decidas salir del armario, uno necesita tiempo para desprenderse de toda la homofobia interiorizada que la sociedad te ha inculcado desde una edad temprana. Salir no es el final, sino el comienzo de otro viaje

De hecho, en el séptimo episodio de mi podcast ¡Ay, la Caneli!, hay una carta dirigida a un amigo que tuve en la época del Fotolog. Ambos éramos abiertamente gays y compartíamos una pasión por el cine. Nos comunicábamos a través de Filmaffinity, utilizando los buzones de voz para intercambiar mensajes con otros usuarios, que fue algo que nadie usó en su momento (risas). Nuestras conversaciones consistían en recomendaciones de películas y discusiones sobre lo que habíamos visto recientemente. Aunque nunca nos conocimos en persona en ese momento, mantuvimos una relación online.

Perdí el contacto con él durante un tiempo, pero después de varios años logramos retomar nuestra amistad. Fue en ese momento, al hacer el podcast hace unos cuatro años, cuando habían pasado unos 15 años desde nuestra relación online, que finalmente pude conocerlo en persona. Realizamos una especie de «remember», en el que leímos todas nuestras cartas y mensajes antiguos. Recuerdo que en esos mensajes se reflejaba cierta homofobia internalizada por mi parte, lo cual me hizo darme cuenta de lo mucho que había cambiado desde entonces y de lo importante que es crecer y evolucionar. Me siento orgullosa de haber superado esas actitudes y de ser quien soy hoy, abiertamente maricón y orgullosa de ello.

Canelibesos

La representación LGBT y de otras minorías en el cine

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: ¿Cómo vives esta vehemencia ante la representación LGBTQ+ en las películas, como los casos que se vivieron con Lightyear (2022) o recientemente con La sirenita (2023)?

La Caneli: Me resulta alucinante vivir en un mundo donde hay personas que se molestan por algo tan natural, obvio y necesario. No entiendo qué pasa por sus cabezas para oponerse de forma tan ferviente a ello. Es realmente surrealista que cosas tan simples como un beso o el tono de piel de un personaje les cause tanta molestia, llevándolos a hacer boicots y a indignarse exageradamente. Pero esto no es algo nuevo, ha sucedido desde antes, con movimientos como el que hubo en Estados Unidos con Anita Bryant y su campaña de “Save our children”.

Ya en aquel entonces estaban luchando en contra de nuestros derechos, utilizando como excusa lo de proteger a  los niños, lo cual al final  es solo para hacernos daño y quitarnos nuestros derechos. Al final, a los niños les da igual lo que se les presente, lo viven con total naturalidad. Cuando no lo viven así, es porque algún adulto se siente ofendido y reacciona de forma exagerada. Pero te digo algo, utilizar a los niños como excusa es algo vacío y carece de fundamentos, lo cual me enfurece personalmente porque yo también fui ese niño.

Esto me hace pensar en los niños queer de las generaciones futuras, por quienes debemos luchar para que no experimenten la soledad, el abandono y el tener que fingir ante los demás, tal y como algunos de nosotros tuvimos que enfrentar en carne propia. Además, estos movimientos suelen ser impulsados por asociaciones católicas, pero curiosamente, cuando se destapan miles de casos de abusos a niños por parte de la iglesia a lo largo de los años, no pasa nada y no les genera tanta indignación.

¡Larga vida al trash!

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: ¿Cómo surgió la idea de realizar ¡Larga vida al trash!?

La Caneli: El libro surge como una necesidad, ya que no existía ningún texto en español que abordara la figura de John Waters. Los editores jefes de Dos Bigotes, Alberto y Gonzalo, fueron muy astutos al darse cuenta de esta carencia. No había nada escrito sobre John Waters en nuestro país, aunque sí había libros y memorias escritas por él mismo que habían sido traducidas. Sin embargo, no había ningún estudio exhaustivo que analizara su carrera y su vida de alguna manera. Fue entonces cuando surgió la necesidad de crear este libro. Xavi Parra, autor del libro Scream Queer, que trata sobre la representación del cine LGBTI+ en el cine de terror, también tuvo un papel importante en esta historia.

Xavi, al haber sido el coordinador de todo esto, reunió a un grupo de personas que somos verdaderas apasionadas del cine de John Waters y de su figura. Estoy muy agradecida de que me haya llamado para formar parte de este proyecto. Al principio, se planteó la idea de hablar exclusivamente sobre Waters, pero luego surgió la idea de centrarnos en las películas. Al final, el libro se convirtió en una mezcla de ambos enfoques: algunos de nosotros hablamos sobre películas específicas, mientras que otros autores abordan diferentes aspectos de la carrera de John Waters. Creo que el resultado es un libro realmente genial. Ha quedado genial porque todas las personas que hemos colaborado en su creación somos grandes fans de John Waters, y de alguna manera hemos volcado nuestro amor y pasión por él en este proyecto.

La figura de John Waters

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: Es increíble lo que comentas, sobre que no se había escrito nada de John Waters hasta la fecha en nuestro país, teniendo tanta relevancia dentro de la historia del cine underground.

La Caneli: Creo que John Waters ha sido bastante denostado por la cinefilia «seria». Sin embargo, ha habido un cambio en esa visión, como lo demuestra el hecho de que Criterion haya remasterizado y añadido varias de sus películas, como Multiple Maniacs (1970), Pink Flamingos (1972), Cosas de hembras (1974) y Polyester (1981), a su colección. Ojalá continúen y saquen el resto de su filmografía, ya que no son muchas películas en total. Ha existido un prejuicio hacia su persona, en parte debido a que es un creador queer, trash y camp.

Lo hermoso es que esa visión está cambiando, en parte porque muchas de nosotras, que hemos crecido y adorado a Waters durante años, estamos llegando a una edad en la que podemos hacer cosas como este libro. Me entristece que lo menosprecien o lo ignoren, cuando es un creador sumamente interesante, verdaderamente innovador y provocativo, pero en el buen sentido de la palabra, ya que en aquella época era necesario provocar.

En la presentación del libro hablábamos de cómo John Waters era un provocador nato. Por ejemplo, mostrando a dos hombres homosexuales besándose en la gran pantalla en Multiple Maniacs (1970), o en Pink Flamingos (1972), donde aparece una persona trans, pero sin ningún tipo de vergüenza o representación lastimosa, sino desde la alegría y el humor que caracteriza a sus películas. Estos son aspectos que pueden parecer triviales, pero en realidad son significativos. En Cecil B. Demente (2000), John Waters trabaja el concepto de un colectivo de amantes del cine que son terroristas y van en contra del mainstream y otros convencionalismos.

Es realmente interesante ver cómo aborda y critica la cultura dominante a través de su cine. Es una pena que no se realicen más monográficos u otros estudios dedicados a cineastas como él. John Waters ha dejado una huella significativa en el cine, y su enfoque transgresor y provocador merece ser analizado y estudiado en profundidad.

Su participación en el libro

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: En tu caso, te centras en una película en concreto de su filmografía. ¿Verdad?

La Caneli: Sí, hablo sobre Polyester (1981), una de las películas más desconocidas de John Waters. Aunque, en mi opinión, la película más desconocida de todas es Vivir desesperadamente (1977), ya que Divine no aparece en ella, entre otras cosas. Sin embargo, una de las que ha caído más en el olvido es Polyester (1981), ya que se encuentra en una época de transición, alejada del estilo trash de películas como Pink Flamingos (1972) o Cosas de hembras (1974), pero tampoco llega a ser mainstream.

A pesar de eso, me encanta esta película porque se nota el amor de John Waters por el cine clásico, especialmente por los melodramas de Douglas Sirk, otro director que también me fascina. Además, hay un toque especial que Waters intenta transmitir con Tab Hunter, un actor que alcanzó su pico de popularidad en la década de los 50 y era considerado un ídolo para las chicas. Con el paso de los años, Hunter salió del armario al escribir sus memorias en 2005, pero en el momento en que hizo esta película con Waters, aún no había hecho pública su orientación sexual, aunque ya era evidente.

Esto me gusta mucho porque crea una dualidad interesante con Douglas Sirk, quien también tuvo a Rock Hudson, el cual salió del armario en la década de los 80 al estar muriéndose de SIDA, queriendo que la sociedad pusiera el foco en la enfermedad.

Montaje de La Caneli

Por otro lado, Divine interpreta un papel muy diferente al que había desempeñado hasta ese momento. Hasta entonces, el público asociaba a Divine con sus personajes en las películas, y los percibían como si fuera el mismo personaje. De hecho, cuando piensas en Divine, automáticamente la asocias con las películas trash de sus inicios. Sin embargo, en Polyester (1981), ella tiene un papel dramático en sí mismo, aunque sigue manteniendo su estilo exagerado y extravagante. Es un personaje que se aleja de la dinámica loca de vulgaridad e inmundicia.

Es una ama de casa alcohólica y demás, pero que al final tiene matices dramáticos y realmente le granjeó buenas críticas a Divine esta película.  La gente se sorprendió, que de hecho la compararon con Joan Crawford en Alma en suplicio (1945); película por la que Crawford ganó el Oscar a Mejor Actriz. Entonces, había una crítica que decía que “esta era la Alma en suplicio (1945) de Divine”.

Descubriendo el cine de John Waters

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: ¿Cómo llegaste al cine de John Waters?

La Caneli: Descubrí a John Waters un poco por casualidad, y esto es algo que menciono al principio del capítulo del libro. Mi relación con él se debe principalmente a mi relación con el cine, especialmente a mi experiencia en los videoclubs. Digamos que viví el último gran coletazo de los videoclubs. Aunque fue algo que ya se empezó a vivir en los años ochenta, en los años noventa los videoclubs eran una parte esencial de cada vecindario. Yo era un devoto del videoclub de mi barrio. Aunque solo tenía cinco años, iba a ver las carátulas de las películas, porque aún no me permitían alquilar nada. Siempre que tenía un rato libre después del colegio, pasaba un momento por el videoclub solo para perderme en las carátulas de las películas.

Recuerdo algo en particular, y también lo cuento en el libro, que fue cuando vi el cartel de Señora Doubtfire, papá de por vida (1993), con Robin Williams vestido de mujer. Creo que fue la primera vez que vi a una  travesti en mi vida. También recuerdo claramente que me asustaba la portada de La muerte os sienta tan bien (1992), con Meryl Streep y su cabeza girada. Crecí en ese entorno, principalmente viendo las carátulas de las películas en el videoclub. De hecho, hay un período muy específico desde 1999 hasta 2004 en el que puedo decirte el año, el título y prácticamente todo sobre cualquier película que se haya estrenado durante ese tiempo, porque veía absolutamente todo por aquel entonces.

Es en ese contexto que me familiaricé con las películas de John Waters. Recuerdo ver las carátulas, como la de Cecil B. Demente (2000), protagonizada por Melanie Griffith, quien en ese momento estaba comenzando su relación con Antonio Banderas. Me llamó la atención verla en esa película, ya que la veía en todas las revistas y programas del corazón. También recuerdo la portada de Los sexoadictos (A Dirty Shame) (2004), con Selma Blair y sus enormes tetas. Sin embargo, fue con la figura de Divine en Pink Flamingos (1972) con ese icónico vestido rojo de sirena, cuando realmente me adentré en el cine de Waters.

Curiosamente, no lo descubrí en el videoclub, sino en un local nocturno en Salamanca, donde estaba haciendo la carrera. Solía ir a ese lugar de rock con mis compañeros de clase, y recuerdo que tenían posters de películas como parte de su decoración, entre ellos el de Pink Flamingos (1972). Quedé fascinada y me pregunté qué era eso, lo que me llevó a investigar sobre John Waters y descubrir el cine trash de alguna manera; lo cual tuvo un impacto enorme en mí. Yo solía comprar revistas de cine como Fotogramas, pero no mostraban ese tipo de cine, o si lo hacían, era de manera muy testimonial.

Aunque era una gran aficionada al cine, también era un poco pretenciosa en aquel entonces. Sin embargo, descubrir el cine de Waters me abrió los ojos y me hizo darme cuenta de que existía otro tipo de cine, lo cual cambió mi vida por completo. No hubo vuelta atrás. Con Waters y luego con The Rocky Horror Picture Show (1975), finalmente logré romper las barreras de mi propio armario. John Waters me enseñó a no tener prejuicios a la hora de disfrutar del cine.

La época de lo políticamente correcto

Daniel Jiménez/Historia del Cine.es: Por último, en esta época de lo políticamente correcto, es increíble echar la vista atrás y ver a cineastas como John Waters que se atrevían con todo. ¿No crees?

La Caneli: Lo que sucede es que John Waters llega en un momento en el que no pide permiso para irrumpir en la escena cinematográfica. Sus primeras películas son las que conservan más ese toque irreverente que lo ha caracterizado como cineasta. Las posteriores, especialmente las de los años ochenta y noventa, quizás se adaptaron un poco más al cine comercial, pero aún contenían momentos bastante intensos. Sin embargo, en sus primeras obras, Waters llegó como un elefante en una cacharrería. Lo que más me gusta de él es que nunca pidió permiso.

Hoy en día, los creadores queer o LGBTQ+ tienen que estar más pendientes de cómo funciona el sistema en términos de calificaciones por edad, distribución, etc. Aún somos un poco esclavos del sistema y de sus mecanismos. Las compañías como Disney o Sony, en última instancia, se rigen por la ideología del dinero. Por eso, aparentemente se preocupan por la representación LGBTQ+, pero solo porque es rentable. Es decir, en el momento en que deje de serlo, lo olvidarán por completo. Es preocupante cómo esto puede desvanecerse de la noche a la mañana.

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