Crítica de Sin conexión (2025): reseña y opinión de la película
Puntuación ½✪ (3,5/5)
Sin conexión (2025) es la nueva cinta dirigida por Bradley Cooper, actor y cineasta norteamericano que ya ha demostrado su buen hacer delante y detrás de cámara con una carrera que le ha labrado varias nominaciones a los Premios Oscar y el reconocimiento de la comunidad cinéfila por su versatilidad y carisma innato.
Tras sus anteriores trabajos como director en las galardonadas Nace una estrella (2018) y Maestro (2023), Cooper vuelve con Sin conexión, una dramedia libremente inspirada en la vida del comediante británico John Bishop. Con un excelente reparto liderado por Will Arnett y una buena recepción tras su paso por el Festival de Cine de Nueva York, Sin conexión ya está disponible en la cartelera cinematográfica y merece la pena su visionado.
Una apuesta por la dramedia íntima que explora la crisis personal desde el humor y la melancolía.
Mientras su matrimonio se desmorona silenciosamente, Alex (Will Arnett) se enfrenta a la mediana edad y a un divorcio inminente, buscando un nuevo propósito en el mundo de la comedia neoyorquina, mientras que Tess (Laura Dern) se enfrenta a los sacrificios que ha hecho por su familia, lo que les obliga a lidiar con la crianza compartida, la identidad y si el amor puede adoptar una nueva forma.

Cartel de la cinta
Desde su inicio, Sin conexión plantea la historia central con un tono ligero y apuesta por una puesta en escena sencilla con influencias del cine independiente norteamericano, específicamente los trabajos de Noah Baumbach y Richard Linklater. Con un guion que prima su valor fundamental en los diálogos y las interacciones entre personajes, la cinta traza la crisis marital de Alex y Tess con una vis caótica durante su primer tramo, ejemplificando la falta de entendimiento y la confusión que sienten al pasar por un proceso tan complejo y serio, mientras las personas a su alrededor los aconsejan o añaden más leña al fuego en intentos fallidos de ayuda. Una primera mitad que convierte el caos emocional en motor narrativo.
Es en el momento cuando Alex empieza a probar suerte en el mundo del stand-up que la historia toma un rumbo certero y muestra un lado distinto de la pareja, dos individuos en el proceso de reorganizar sus vidas y redescubriéndose a sí mismos en el proceso. Es aquí también cuando la platea de secundarios adquiere una dimensión menor y nuestros protagonistas dominan la pantalla, permitiendo que sus andanzas adquieran un carácter más intimista y puedan salir a flote sus verdaderos sentimientos, así como el ambiente se expande y la ciudad de Nueva York se convierte en un personaje más, con el popular bar Comedy Cellar en Manhattan convirtiéndose en el espacio vital de la pasión de Alex y su nueva vocación. Para su tercer acto, Sin conexión se retrotrae a los esquemas de una comedia romántica al uso, pero de una forma madura y aterrizada en su planteamiento del final feliz y lo que eso significa para los personajes. No es un trabajo perfecto y muchas conversaciones pecan de una intelectualidad artificial, pero el recorrido es disfrutable y deja poso para la reflexión, algo que nunca viene mal al salir de la sala de cine.
Tráiler de Sin conexión (2025)
También es muy disfrutable el trabajo de Will Arnett como Alex, un rol que afianza sus grandes aptitudes para la comedia, pero también le permite explorar un rango dramático que no había tenido la oportunidad de mostrar hasta el momento y se le da de maravilla. Una interpretación que equilibra vulnerabilidad y humor con naturalidad. La compañía de la siempre excelente Laura Dern es un valor añadido y la química que comparten cada vez que están juntos en escena es fascinante. También destaca el trabajo de una intensa Andra Day y Ciarán Hinds en una muestra de empatía y naturalidad como el padre de Alex.
Menos afortunada resulta la participación de Bradley Cooper dentro de la cinta en un rol secundario de lo más estrafalario, cuya vis exagerada y sobreactuada se siente fuera de tono con la historia en general.
Una aparición desajustada que rompe la armonía tonal del conjunto.
Una virtud innegable de Sin conexión es la cálida fotografía de Matthew Libatique con su iluminación tenue de los escenarios y la acertada elección estilística para secuencias concretas, como los primeros planos de Alex durante sus actuaciones de stand-up, lo que contribuye a la sensación de cercanía que impregna la historia. Un trabajo visual que refuerza la intimidad emocional del relato.
La edición también cuenta con algunas transiciones de lo más vistosas en la manipulación de personajes dentro de los escenarios y la banda sonora es sutil en determinados momentos y desenfrenada en otros, con un estilo que recuerda a las partituras compuestas por Antonio Sánchez para Birdman (2014).
Se aprecia la madurez y sensibilidad en la dirección de Cooper que entrega su trabajo más personal hasta la fecha y demuestra que siempre es capaz de mostrar la humanidad y los anhelos creativos de sus personajes, aún dentro de sus momentos más bajos. Una confirmación de su evolución como cineasta íntimo y emocional.
En conclusión, Sin conexión (2025) es una propuesta entretenida y fresca que cuenta con una pareja protagónica soberbia y lecturas interesantes sobre las relaciones y las segundas oportunidades. Una película honesta que, sin reinventar el género, conecta desde la cercanía y la verdad emocional.
Ficha técnica:
Is This Thing On? (2025)
- Estados Unidos
- Duración: 121 min
- Dirección: Bradley Cooper
- Guion: Bradley Cooper, Will Arnett, Mark Chappell
- Música: James Newberry
- Dirección de fotografía: Matthew Libatique Productora: Lea Pictures, Archery Pictures
- Distribuidora: Searchlight Pictures
- Género: Comedia. Drama