Crítica y explicación de Fanny y Alexander + vídeo online

En el año 1982, cuando el eterno Ingmar Bergman ya se había consolidado como uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, se embarcó en el que sería su película más personal. Después de abandonar Suecia y rodar por un tiempo en la Alemania Occidental, Bergman vuelve a su tierra natal tras el escándalo fiscal en el que se vio inmerso. 

Fanny y Alexander (1982), al igual que pasó con Secretos de un matrimonio (1973) anteriormente, estuvo concebida para ser una serie televisiva dividida en cuatro partes. Sin embargo, posteriormente Bergman decidió reducir el metraje de ella de 312 minutos a 188 minutos, para que pudiese ser estrenada también en formato de largometraje. Si hay algo que queda claro de Fanny y Alexander es que es la película que reuniría todo el imaginario fílmico y teatral de Bergman, como nunca antes se había visto en su carrera. Su infancia, miedos, fobias, su relación paterno filial, la religión o su profundo amor por el cine y el teatro, se dejan entrever en esta maravillosa obra maestra.  

A largo de esta crítica-análisis de la película, intentaremos abordar las principales claves de este film de Bergman, y en la medida de lo posible clarificar ciertas complejidades que puedan existir. Además, más abajo os añadimos la película completa de Fanny y Alexander online para recordarla o según el caso, verla por primera vez. 

La película está estructurada de una forma muy teatral, compuesta por un total de cuatro actos.

Primer acto: La familia Ekdahl

En este primer acto de Fanny y Alexander (1982), dilucidamos la alegría y tradición navideña que habita en la casa familiar de los Ekdahl; el apellido familiar, de casi todos los personajes protagonistas del film. Vemos el jolgorio y el rito festivo que comúnmente vemos en dichas fechas, donde la familia y la fe van unidas de la mano. Lo que predomina estéticamente en este arranque del film, son los colores tan cálidos y de la importancia que juega la luz en la fotografía

Al estar ambientada la trama a principios del siglo XX en Suecia y pese a ya existir la bombilla, los candelabros y las velas son la principal fuente de iluminación. Se juega en parte a generar esa impresión de luz natural, aunque en realidad también se hiciera uso de la luz artificial; el único director que se atrevió a hacer una película 100% con luz natural fue Kubrick con Barry Lyndon (1975), lo que le costó un ojo de la cara y llenó de complejidades el rodaje. Por tanto tenemos este espíritu de festividad en familia, plasmada a través de una estética cálida y siendo lo más representativa posible con la época en la que está ambientada. 

En lo que se refiere a su montaje y al uso de la cámara, lo que más destaca es la fluidez y plasticidad que Bergman consigue de la imagen, al ver a los personajes transitar por los diferentes espacios de esta casa, con un gran sentido del movimiento y del espacio. Es muy teatral este primer acto, teniendo planos bastante largos, donde Bergman deja fluir la acción con la mayor naturalidad posible. 

La curiosidad y las primeras veces de la infancia, son importantes en este primer acto que será la calma que precederá al llanto. Vemos a Alexander, por ejemplo, usando un cinematógrafo antiguo que funciona con queroseno, que hace alusión a la primera vez que el director tuvo un cinematógrafo del mismo tipo con ochos años; curiosamente, en unas navidades también. También la fe, como hemos dicho antes, se hace muy visible en este arranque del film. Si nos fijamos, vemos una inmensidad de cuadros que aluden a temas bíblicos principalmente, al igual que la simbología que representan los candelabros; casi todos compuestos por tres cabezas, representando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Puedes ver Fanny y Alexander online subtitulado en español en el siguiente vídeo:

Fanny y Alexander (1982) online

Entrando ya en la historia que trata Fanny y Alexander (1982), este inicio sirve para introducirnos a los diferentes personajes y sus diferentes personalidades y problemáticas. Es evidente que Alexander, representa al joven Ingmar Bergman; tímido, inteligente, rebelde y con una profunda fascinación por el teatro y el cine. En lo que viene siendo el personaje de Fanny, puede que Bergman se viera inspirado por su hermana Margareta a la hora de construir este personaje; un personaje callado, obediente y que ejerce un papel más de observadora de lo que acontece.

Luego tenemos a los padres de los protagonistas, Emilie y Oscar Ekdahl; siendo el padre el director teatral de la compañía familiar y ella una de las actrices de dicha compañía. Oscar es un hombre inteligente, noble y de mucha sensibilidad, que conecta de especial manera con la manera de ser de su hijo Alexander. Un hombre de cierto temperamento, pero que aguarda una ternura muy notable al final. 

Puede que Bergman se viera inspirado por algún maestro teatral o cinematográfico que tuviera en sus comienzos, o incluso puede tratarse del propio Bergman en aquella edad adulta. En el caso de Emilie Ekdahl sí que podría tratarse de la madre del director llamada Karin, a la que Bergman amaba profundamente y la que fue la única que llenó de amor su difícil infancia. El personaje de Emilie es tierno y amoroso, pero también es muy frágil y atormentado.

Fanny y Alexander crítica

Fotograma del filme

Por otro lado, tenemos a Gustav Adolf y Alma Ekdahl, que son los tíos de Fanny y Alexander. Gustav es un hombre dicharachero y muy campechano, que se nos muestra como un hombre de buen corazón, pero que tiene algunos asuntos sin resolver relacionados con su vejez y virilidad. Aquí entra en escena Maj, la criada coja de la familia y amante de Gustav. Maj es una joven inocente y atractiva, que tiene en muy buena estima a Gustav y que está muy agradecida de los gestos que tiene hacia ella; aunque en realidad, ella encuentre su romance como un juego con el que divertirse. 

Alma, la esposa, está al tanto de los idilios románticos que tiene su marido, aunque pretende hacer ver que no está al corriente de ellos. Alma se compadece de su marido y tiene un trato bastante maternal con él, entendiendo ciertas actitudes inmaduras y ridículas que sigue arrastrando su marido. Por otra parte, tenemos a Helena Ekdahl, abuela de Fanny y Alexander y matriarca de la familia Ekdahl desde el fallecimiento de su esposo; una mujer que demuestra tener mucha fortaleza y que es el sostén principal de su familia. Luego tenemos a Isak Jacobi,  un sacerdote judío amigo de la familia y el que fuera amante de Helena Ekdahl. Más adelante en la historia, jugará un papel bastante decisivo en el devenir de los protagonistas del film.

Segundo acto: Cambios y nueva vida

El segundo acto comienza con la trágica muerte de Oscar, que conmociona a toda la familia y que marca un antes y un después en la vida de Fanny y Alexander. Oscar, que tiene una especie de síncope mientras estaba haciendo una función de Hamlet de Shakespeare, acaba moribundo en la cama esperando su final inevitable. En esa escena se encuentran su esposa, madre y sus dos hijos, en una de las escenas más solemnes y emotivas de toda la película.  Alexander se niega rotundamente a despedirse de su adorado padre, al que de alguna manera no le perdona el hecho de que se vaya y le deje  solo. 

Tras este hecho, parece como si la película jugase con un paralelismo con la obra de Shakespeare con la que Oscar cayó en escena. De hecho, hay un momento donde este paralelismo se verbaliza, cuando la madre le dice a Alexander que no se crea el Príncipe de Dinamarca, quien tiene que vengar y honrar la memoria de su difunto padre. Como hemos dicho, la muerte de Oscar Ekdahl marca un antes y un después en las vidas de todos, especialmente en las de Emilie, Fanny y Alexander. 

Vemos como se celebra un funeral casi institucional, donde el Padre Eduard oficia la ceremonia; un personaje que será clave a partir de la muerte de Oscar. Otro momento curioso del funeral, es acerca de lo que llegamos a oír por boca de Alexander. Alexander en un plano que va acompañado de su hermana, empieza a decir todas las blasfemias que le vienen a la cabeza en bajo; mostrando un poco, el inicio de su negación por Dios y la religión, pero también el comienzo de una personalidad más rebelde.

explicación de Fanny y Alexander

Fotograma de la película

Emilie Ekdahl, al estar profundamente sumida en la soledad como nueva viuda de la familia, decide refugiarse desesperadamente en la fe. Ahí encuentra al Padre Eduard, que se aprovecha de la fragilidad de Emilie para encontrar un beneficio propio. Acaban tan unidos estos dos personajes, que acaban por casarse, ante la estupefacción del resto. Aquí la película pega un giro de 180 grados, que se ve reflejado de igual manera de modo formal y estético; pasando del colorido y la plasticidad de la imagen, a una imagen grisácea y tétrica

Es una nueva vida la que depara el matrimonio entre el Padre Eduard y Emilie, y se muda junto a sus dos hijos a su casa familiar. Hay una escena muy significativa en este sentido, que es cuando Eduard le pide a Emilie de venir sin ninguna posesión a su nueva vida; es decir, sin las posesiones materiales, pero también sin mantener los vínculos familiares, aparte del de Fanny y Alexander. Toca decir, que este personaje del Padre Eduard está inspirado claramente en el padre de Ingmar Bergman llamado Erik; quien era un sacerdote luterano, que pegaba palizas con bastante recurrencia al director y a su otro  hermano Dag.

Este segundo acto representa la represión religiosa y la visión propia que Bergman había cultivado desde bien joven, por su difícil relación con su padre. Los personajes de Emilie, Fanny y Alexander acaban atrapados en esta casa ultraconservadora, donde la única autoridad es la del Padre Eduard. Es interesante la concepción que tiene este hombre sobre el amor, la justicia y la empatía. Los encuentros que tienen él y Alexander, cada vez se hacen más tensos; al ser Alexander, el único que cuestiona y se rebela ante la autoridad que intenta imponer este hombre. 

Para este hombre el amor debe de ser algo áspero y disciplinado, en vez de estar lleno de ternura y compasión. Es así como justifica su tremenda crueldad hacia los dos hijastros y su esposa, que viven totalmente atormentados por su presencia. En este sentido, Alexander sigue rebelándose más y más ante el Dios del que le han hablado desde pequeño, que se ve simbólicamente representado por el Padre Eduard. La escena del falso juramento de Alexander por una mentira que suelta a sus compañeros de clase, acarrea un castigo cruel por parte del Padre Eduard. 

Sin embargo, Alexander sigue reafirmándose en lo que es y en lo que cree, evitando el cometido del Padre Eduard con él, que es el de que le respete y asuma su rol de sumisión; algo que crea incertidumbre y miedo en este personaje, al verse por primera vez amenazado por otro ser humano. La situación se hace cada vez más insostenible, al punto en el que Emilie le pide el divorcio al hombre con el que se había casado relativamente hace poco; cosa que él rechaza y la amenaza con quitarle la custodia de Fanny y Alexander. 

Aquí entra en escena otra vez Isak Jacovi, quien intenta mediante un truco de despiste llevarse a Fanny y a Alexander con él. El plan aunque parece irse a pique, acaba por salir bien e Isak consigue sacar de esa prisión a estos dos pobres niños; aunque Emilie, todavía tendría que encontrar su oportunidad para abandonar dicho infierno. La oportunidad de Emilie surge de la casualidad, en una noche donde los astros se alinearon para que la desdicha ardiera en la casa de los Bishop. 

La caída de un candelabro y el efecto de un exceso de somníferos, permiten escapar a Emilie de las garras del cruel Padre Eduard; escapando antes de que la casa acabara ardiendo por completo, matando a así a Eduard y a gran parte de su familia.

Tercer Acto: El mundo de las ilusiones

Tras la huida de la madre y sus dos hijos, Fanny y Alexander se hospedan por un tiempo en la casa de Isak, mientras que Emilie vuelve a la casa familiar. Lo que acontece en la casa de Isak, es el fragmento de la película más onírico, ilusorio y artístico de toda la película. Se cierne una oscuridad y un juego de marionetas y de espejos por doquier, que desconciertan y fascinan a la vez a Alexander. Aquí Alexander tiene un encuentro casi directo, con la figura de Dios; aunque al final, se da cuenta que todo se trata de una broma. 

Lo absurdo y la negación constante que recibe Alexander de parte de Dios, le enfurecen y le desconcierta hasta niveles muy profundos. Este tercer acto tiene cosas que ya habíamos visto de Bergman, en películas como Persona (1966) y De la vida de las marionetas (1980). El subconsciente, lo inexplicable de la vida y el teatro, se ciernen en este acto de la película que es absolutamente magistral. Es muy significativo el encuentro que se produce entre Alexander y un niño algo andrógino llamado Ismael. El juego de máscaras y el psicoanálisis de Carl Jung juegan un papel bastante importante, en lo que viene siendo este encuentro. 

Este misterioso muchacho representa el propio subconsciente de Alexander, ya que le dice directamente que son la misma persona. La conversación que entablan sobre los límites de la realidad, es muy clarificador en ese sentido para entender, como interpreta la existencia humana el propio director sueco; es decir, un mundo donde habitan cosas inexplicables e ilusorias para el ser humano, a la vez que confluyen diferentes realidades al mismo tiempo.

Cuarto Acto: Microcosmos

Con el cuarto acto la película llega a su fin, trayendo de vuelta a casa a todos los integrantes de la familia Ekdahl. A diferencia de la imagen colorida e incluso cargada del comienzo del film, esta alberga una pureza, inocencia y un nuevo resurgir que la hace tremendamente emotiva. Lo más destacable de este cuarto y último acto, es el discurso que da el personaje de Gustav Adolf en la comida de bienvenida de Emilie, Fanny y Alexander. 

En ese discurso conmovedor, Gustav alude a lo felices que han sido en esa casa todos esos años; teniéndose los unos a los otros, sin necesidad de ayuda externa. Habla de un microcosmos para referenciar lo que significa esa casa y la familia Ekdahl, diferenciándola del mundo sombrío y aterrador del exterior. En cierto modo, este discurso es una especie de declaración solemne del director, sobre cómo concibe la labor artística; es decir, un lugar donde se intenta proyectar algo de luz hacia el mundo exterior, desde el espíritu pequeño y creativo que es el arte. 

La película acaba con un homenaje de Bergman a Strindberg; el idolatrado dramaturgo y escritor sueco de Bergman, al que siempre tuvo presente a lo largo de toda su obra. La película termina cuando la abuela Helena Ekdahl se encuentra leyendo el texto dramático de la obra teatral “El sueño” de Stridberg. En ese instante, Alexander entra en el plano yendo al regazo de la abuela, donde acaba sumergiéndose en un cálido sueño.

Reseña escrita por Dani Jiménez

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