Crítica de The Staggering Girl

Critica de ‘The Staggering Girl’

La gran belleza vacía

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Póster internacional de la película

Este título define a la perfección The Staggering Girl, el último mediometraje de Luca Guadagnino, director de Call me by your name y Suspiria que hace poco fue estrenado mundialmente en la plataforma de streaming Mubi tras su paso por festivales incluyendo la Quincena de Realizadores de Cannes. 

Un mediometraje con un reparto pequeño compuesto por Julianne Moore, Kyle MacLachlan, Mia Goth, Marthe Keller y Alba Rohrwacher que ha sido producido por la marca de ropa de alta costura de Valentino, quien diseña los vestuarios del filme, sirviendo así de promoción de la marca italiana.

Este vestuario y reparto estelar no hace que The Staggering Girl sea una buena película, sus problemas vienen de un guion lioso y casi inexistente que según su sinopsis trata de como Francesca (Julianne Moore) intenta que su madre, Sofía (Marthe Keller) deje su hogar en Italia y se vaya a vivir con ella a Nueva York. 

Un hilo que se sigue pero se ignora en una historia en la que se cambia tiempos, escenarios y personajes y a la que si no fuera suficiente, se le suma una búsqueda de una chica desconocida (Kiki Layne) que se le aparece a Francesca a la que ella persigue de manera infructuosa.

Esta sucesión de escenas trata de manejar temas como la relación madre-hija, el paso del tiempo, la muerte o el arte de manera extraña. Si no fuera suficiente con el guion lioso, la edición no acompaña, con planos largos de una calle en la que pasa un personaje sin que el espectador se dé cuenta y la cámara prácticamente lo ignora o cortes que hacen que pasemos de la nada de un bloque de pisos en Manhattan a un jardín romano.

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Fotograma de la película.

Por otro lado el apartado visual es magnífico, no solo con los vestidos de Valentino Haute Couture, de que se inspira la película, sino con escenarios bellos en Italia, los colores que enriquecen la pantalla y la banda sonora de Ryuichi Sakamoto que acompañan a los personajes. 

Pero aunque de gran belleza, los 37 minutos de escenas inconexas no compensan y hacen que al final The Staggering Girl sea una experiencia olvidable que podría haberse reducido a un desfile en Milán donde si habría triunfado con el renombre de su cartel más que una película.

“Supongo que este es el camino, de lo literal a lo abstracto”.

 
Por PJ Martinez

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